lunes, 30 de mayo de 2011

Reconociendo el error y Lunes de trabajo

Domingo 29 de Mayo

“Saber dar segundas, terceras o cuartas oportunidades no lo enseña nada más que vivirlo en carne propia. Juzgar y esperar no ser juzgados es una utopía, señalar creyendo que no podemos ser señalados es un crimen.”


Hace no mucho tiempo pase por ahí, pase mi juicio y señalé, me hice a una idea, la adopte, la implante, me la creí y la seguí, se me olvido que cada uno en cada momento y acción puede ser distinto al ayer, porque así somos, porque no hay persona que palpite igual cada bombeo del corazón ni que suelte la misma cantidad de aire al dar un suspiro.

En la misa en me sentí mal, me arrepentí y me convencí de que para resolver un conflicto es necesario ser uno mismo parte de la solución, no esperar de otros que lleguen las disculpas u ofertas de un nuevo comienzo. Al terminar la misa me sumé a la solución, ofrecí de mi lo que podía, nada más que disculpas, sin preguntas, sin esperar nada, salvo que no se notara lo mucho que me estaba temblando la voz y costando decir esta vez “me equivoqué”, como hacía mucho que no lo reconocía. Si funcionó, si algo cambió, si habrá un nuevo comienzo, no soy yo la que lo dicte, uno tiene que entender que a veces el ceder la victoria y declarar justa la pérdida es más que suficiente, lo demás vendrá después, pero conscientes de que no será igual, como nada es igual un minuto de vida después.

Por la tarde bajé a pedir consejo a mis hermanas Calasanzias, sobre qué debe hacer uno cuando tiene la oportunidad de expresarse, de hablar por otros que no pueden, de decir lo que nos parece mal conscientes incluso de que hemos formado parte de ello. La opinión común fue que era necesario hablar, que valía la pena arriesgarse, al juicio y a la crítica, que serán simplemente el resultado de que las palabras llegan, retumban, remueven, de no haber réplica ante lo expresado, sería como si las palabras no fueran más que un susurro del viento.

Hubo visita de las hermanas de Widikum y la ocasión se prestó para un café, magdalenas y galletitas que me revivieron el nivel de azúcar en la sangre y la actitud infantil de querer comerse todas las galletas sin importar quien más quisiera, pero lo contuve, con pena lo admito, pero me contuve. Al final sobraron galletas y decidí que mejor que satisfacer mi espíritu infantil era un buen día para dejar a las infantas de esta casa que llenaran sus pancitas con un poco de chispas de chocolate y masa, mientras con sus dos manitas (en señal de respeto y agradecimiento) tomaban un pedazo de galleta y sonreían como sonreiría yo si tuviera en mis manos muchas más galletas para darles.

A punto de partir una de las hermanas de Widikum se despidió de mí mientras jugaba con Sandra en el suelo. No sé si fue el momento, con Sandra en las piernas y una revista donde su carita aparecía en una foto haciéndola reír a carcajadas, o si el hecho de que esta mujer de un par de vidas más que la mía, se doblara para besar mi frente y me regalara un ¨Dios te bendiga¨, pero sentí como me recorría el cuerpo el gesto, la sensación de empatía y entendimiento que la hermana me implantó por la frente.

Hoy noté que llovía, cosa que sucede ya a diario pero he logrado ignorar algunas veces. Las mañanas siguen siendo frescas y con sol, pero después de comer es inmediata y constante la decisión del cielo por nublarse y a llover se ha dicho. Llueve a diario, una o dos veces por obligación, la tercera es por puro gusto de la madre naturaleza de responderme cada que le grito al cielo “cuando gustes, total, a mi me encanta mojarme y llenar mis tenis de lodo” y así lo hace, me regala más agüita para hacer más lodo, la madre naturaleza no entiende mis sarcasmos.

Para dormir me apunto a la sesión de cine que he organizado con el Osito, el puerquito, una mosca mutante que no logro sacar del cuarto, (a dato innecesario pero interesante, hay más moscas últimamente que mexicalenses en la comida china en un domingo), y está también una araña patuda en una esquina que respeta el pacto de quedarse allá arriba durante la función. La película: El secreto de sus ojos. Argentina. Recomendada hasta por el Osito que sufrió mis apachurros cuando la trama es terrorífica y mis lagrimitas cuando líneas del protagonista como la de “¿Cómo hace uno para vivir 25 años en la nada?” al encontrarse jubilado y a media novela de un crimen que en sus años de juventud como abogado le marcó el rumbo de la vida.

Búsquenla, véanla y por favor, véanla con alguien que pueda responderles cuando se pregunten “¿cómo diablos le hace uno?”, pues el Osito será maravilloso como almohada o para poner bajo la rodilla, pero no es un buen conversador aún y espero nunca lo sea o tendré que explicárselo a algún psiquiatra.

Lunes 30 de Mayo

Hay tintes de egocentrismo en la tristeza y grandes toques de humildad en la alegría.
Hay que ser pelotudo (como dirían los Argentinos, siguiendo la entonación de la función de ayer) para creer que el concepto de Lunes varia de lugar a lugar, pues no, Lunes son lo mismo aquí que en Mexicali o en Timbuctú, resumiendo, a trabajar.

Al paso de las horas, cuando me duelen las muñecas y me está empezando a poner de malas que Microsoft Word no reconozca palabras como Pikin o Watta, tendiendo que usar el inglés adecuadamente y escribir Niño y agua, decido cerrarlo todo y bajo al preescolar donde me encuentro con que un niño que ha cumplido años trajo bolsitas de dulce para sus compañeritos, o lo que son las bolsitas de cumpleaños aquí, palomitas de maíz, dos rebanaditas de manzana, una paleta y un paquetito de Galletas Parle.

Sista Mary me guía con la costurera y después de un par de medidas entrego mi trozo de tela comprado hace unas semanas con la esperanza de que este segundo intento de prenda Africana resulte mejor que el primero, el vestido de la ordenación en aquel Febrero, que está muy bonito debo reconocer, pero la comodidad no es lo suyo, por lo que ahora escojo una falda, que tiene solo como riesgo no cerrar algún día.

Después de comer organizo material, presiento que sacar copias e imprimir dibujos dos días antes de los veranos no será una jugada inteligente considerando los factores ambientales de luz y los materiales de hojas y tinta, así que retomo un poco el concepto de nivelación de demanda y empiezo a preparar, recolectar, seccionar y etiquetar materiales para los distintos veranos.

Bajo a planchar, se vale reírse, digo bajo porque pido la plancha a las Calasanzias dado que la de casa no entendió su labor en este mundo de calentarse y remover arrugas, plancho la cara del que será el día de mañana el Auxiliar del Obispo de Bamenda, tal como lo leen, la cara, bueno una de tantas que está impresa en la tela conmemorativa para el evento de mañana.

No se espanten, tampoco estoy tan adaptada a la cultura aquí que ya me ando poniendo los uniformes, es un simple gesto de una hija a un Padre que durante la comida pregunta “¿alguien sabe planchar?” mientras sus ojos se dirigen hacía la única persona que ya sea por tradición o habilidad natural, esta sociedad dicta que sabe planchar, o sea yo. En fin, la suerte está de mi lado y la camisa sale ilesa de cualquier quemadura.

Después de caminar-trotar me juego un 21 con un muchacho en la cancha de básquet, que obviamente es además de bastante hábil, noble y me deja meter un par de canastas, pero igual me gana 21-12, justo a tiempo cuando mis pulmones pedían banca y mis brazos se reusaban a un tiro más.

Durante la cena se arma un interesante debate ante un comentario de que no soy Laica Escolapia, apegado a lo que el protocolo dicta en estos casos, donde se requiere un documento y bla bla bla. Y mi desastrosa habilidad de hablar largo, tendido y sin pudor alguno cuando algo me molesta surge, pero está vez es bien recibido el discurso, hay un par de risas y muchas más cuando me apeno, me disculpo y me retiro de la conversación diciendo que al final las etiquetas salen sobrando, el que hace, es, y el que no hace, pues no es, tan sencillo como eso.

Para cerrar la noche, el primo lejano de Beethoven, George de Kumbo, me regala unos minutos de su talento y tocamos los tambores un rato, especialmente una canción que me pone de buenas a cualquier hora y en cualquier situación. Me divierto, se divierte, en fin, nos divertimos, entre los errores de mis torpes manos y los pocos aciertos donde logro que el ritmo dure lo suficiente para cantar un par de estrofas. Ojalá mis novatas letras expresaran tonos y notas, pero mientras llega ese día aquí les dejo la cancioncita que con gusto les recito en unos meses.

STAND TOGETHER FOR WHAT YOU BELIEVE

Refrain: Stand together for what you believe, work for what must be done. Love each other in all that you do, till all my people are one.
1. Spread the peace, my brothers, spread it everywhere. Make the world know right from wrong. Help the world to care.
2. Cry out the sound of freedom, make every sound be heard. People crying painfully. Hear their every word.
3. Open your hearts, my brothers, lend a willing hand: Show the lonely and the poor that God is our land.
4. Sing out the joy of living, sing your song on high: The truth of mankind is that he was born to live not die.
5. Know that he is with us, in everything we do. Though hard times may lie ahead, peace will follow through.

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