Miércoles 18 de Mayo
Qué diablos paso o comí últimamente que amanecí mal, pero mal mal, por la madrugada temperatura y a pura intuición pues no tengo termómetro y no iba a subir a casa de los padres por uno, nauseas, dolor de estómago, de cabeza y de cuerpo impresionante, no me paro para las oraciones ni misa, llego tarde al desayuno y casi arrastras, que horror es esto de la temperatura, me prestan un termómetro y marca 37.5, maldita seas fiebre tropical. Creo que puedo culpar al Achú de la reina, o aquel café de contrabando que tomé el Lunes por la tarde.
Durante el seminario por la mañana, vemos un poco más a detalle sobre los diferentes tipos de personalidades de manera que cada uno vaya encontrando el mío. Fácilmente descubro el mío, con lo bueno y con lo malo, ya me la sé. A medio curso me salgo, no puedo más con mi cuerpo, ni con el desayuno, que mi estómago decide devolver.
Paso por alto la comida, frijoles y plátano frito distan de ser algo recomendado para mi estatus. Otro postulante está igual que yo, se lo he notado en la cara por la mañana y cuando veo que tampoco come confirmo mi diagnóstico. Me encuentro bonadoxina, neomelubrina y paracetamol, no serán la cura de raíz pero aliviarán el rato, al menos me permiten descansar un poco hasta la clase de español.
Levantar la mano para escribir en el pizarrón pareciera ser hoy una rutina entera de gimnasio, tampoco tengo ni el tono ni el ánimo de la clase, pero entre broma y charlas los postulantes sacan adelante el resto, hoy los he puesto a escribir y leer mucho más que en otras clases, intencionadamente lo reconozco, desligándome de cualquier esfuerzo físico. Al terminar le doy un par de borradores de colores que ha mandado mamá desde México a los que han participado mejor, también le paso una tanda de medicinas al pobre postulante que apenas podía mantener el lápiz en la mano.
Después de la clase me siento un poco mejor, ha bajado la fiebre y pasan las nauseas también, bajo con las Calasanzias a prepararme una avena, porque en casa no funciona la estufa desde hace dos días, pregunto por Clara y parece que saldrá mañana del hospital, con otra tanda de pastillas de quinina para la Malaria por tomar. La avena es una bendición, me asienta el estómago un poco y me levanta las fuerzas, preparo otro poco para el postulante que imagino no estará tan bien como yo sin alimento alguno.
Durante la cena lo veo tomar un poco de frijoles y el estofado, con cantidades inmencionables de aceite, y con la pena de interrumpir un par de conversaciones y gritar de mesa a mesa le digo que no se lo coma, en la cocina le doy el plato de avena y le regalo un ¨Ashia¨ pues imagino que no le encantará el sabor, pero le caerá bien al estómago.
Jueves 19 de Mayo
La crisis ha pasado, aún hay un ligero dolor de cabeza pero nada de fiebre ni dolores de estómago, tampoco nauseas, parece que fue algo que comí y ya paso, al menos para mí, el postulante aún no sale de ello pero reconoce que se siente mucho mejor.
Durante el seminario comprobamos si el tipo de personalidad que creíamos tener es el mismo que revela el test, en mi caso lo es, y los números que muestra el resultado del test me dan a entender que era eso o eso, no hay de otra, no hay duda ni tendencias, es claro y conciso el resultado, así que Freud y los psicólogos podrán saltarse conmigo el capitulo del autodescubrimiento.
Me alegra que algunos postulantes se sientan en confianza de compartir su tipo, otros un poco más reservados pero puedo imaginar alguno. Durante una sesión de compartir y análisis en grupo me intriga ver claramente y palpar el bien que hacen este tipo de dinámicas a la gente. Confieso que anteriormente pasaba un poco del tema del autoanálisis y estos test psicológicos y demás derivados en la materia, pero ayer le he concedido el derecho de la duda, hoy me ha convencido. Se ve en la gente, lo noto en mí, todo se aclara un poquito si entiendes con que lente estás mirando la situación.
Por la tarde parto a Misspa, con pocas ganas realmente, como nunca, algo raro, pasa que está nublado y mi subconsciente se deja dominar por ese pequeño detalle. Durante el camino saludo a mucha gente, es como si caminara por mi cuadra, ya las caras son familiares, yo espero verlos en sus plantaciones o patios, ellos esperan verme pasar, un par de saludos a distancia y de cerca a esas manitas de color café Tartina que corren a saludarme mientras gritan ¨Sistaaaaaaaaaaaaaa¨ jajá con sus pequeños pulmones a tope.
Llego a la escuela y me encuentro con que más de la mitad del salón están practicando para la marcha el día de mañana, pues se celebrarán creo que 20 años de la unificación de Camerún. Aún con eso doy la clase, más relajada y con tiempo para entrar en detalles, ir niño por niño resolviendo dudas, a diferencia de una clase grupal y escandalosa, pero reconozco que divertida jajá.
A la vuelta bajo a saludar a Clara que ha vuelto del hospital, Martha entra al cuarto y nos cuenta otra anécdota de Delfín, una de las niñas de las Calasanzias, que por ser llenita y algo torpe al andar y en sus movimientos, siempre anda tropezando, atorándose dentro de cubetas, sin poder bajarse de armarios que trepa, etc.… tan chistoso, una risa renovadora para el ambiente enfermizo que trae esta casa desde las vacaciones que volvieron las niñas, no has pasado semana sin alguien enfermita.
Bajo al campo a correr, tenía días sin ello, entre las sesiones, la lluvia, enfermarse, pero hoy es el día, me lo he dicho desde temprano y si, hoy también es el día en que la lluvia decide visitarnos, alcanzo a dar dos vueltas más y vuelvo para no agarrar una gripa tampoco.
Durante la cena me cambian los planes y parece que los postulantes no irán al desfile en Comercial Avenue mañana, igual iré, aunque será menos divertido y un poco más cansado entre los empujones y la inmensidad de gente que habrá, pero vale la pena, no todos los años se está en Camerún para la fiesta nacional, es como coincidir en pleno Zócalo de la Ciudad de México o de Guadalajara el día de la Independencia o la Revolución Mexicana.
Subo a tomar el internet antes de que se vaya la luz por la lluvia, mientras escribo un Padre mata a escobazos una víbora de medio metro de largo, en el pasillo justo al lado mío, parece ser la única, pero por si acaso subo los pies a la silla.
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