Domingo 7 de Mayo
Pésima, pésima noche, ya no sé cómo hacerle con la lluvia, lo intenté todo! Empezó a llover sobre las 9, cayeron truenos, rayos, y más truenos y rayos, se va la luz, vuelve, se vuelve a ir, y luego el viento, es la primera vez que se suelta semejante ventisca, era impresionante, entre las gotas que caen sobre el techo de lámina, las que golpean mi ventana, los vientos sacudiendo los árboles, no se puede dormir, no sé como lo logra la gente de a aquí, aún con mis tapones para los oídos escuchaba el ruido, aún con las ventanas y cortinas cerradas se iluminaba la habitación con cada rayo, finalmente tome el ipod y lo puse a todo volumen, me tape enterita dentro de las cobijas, cerré los ojos y logré dormir.
Por la mañana me levanto temprano para arreglar la maleta, acompañaré a Sister Mary a Yaundé donde debe arreglar unos papeles para un viaje en la embajada española, Clara iría con ella pero por la Malaria no puede viajar aún. Partimos después de la 1er misa, sobre las 9am y a una hora de camino Mary se entera que ha dejado los papeles en casa, hay que volver. Sobre las 11am estamos de nuevo en marcha.
El viaje de 6 horas no es tan pesado como otros, las pláticas con Mary ayudan mucho, hablamos de su familia, de la muerte de su padre hace unos meses, de Camerún, de Bamenda, de cómo lo que más se extraña es el contacto con la gente, el poder entablar una relación como la que se tendría en España o yo en México, aquí los conceptos de amistad cambian mucho, el compartir, las pláticas, todo es diferente, por más que uno lo intente siempre nos quedamos con un huequito, entre el idioma que no permite expresar mucho y la diferencia de realidades, formar una relación de amistad en todo el potencial de la palabra, aquí es muy difícil.
En un tramo del camino ha habido un accidente, volteo pensando que solo es el coche y me pega de golpe la imagen del conductor prensado entre los fierros y apenas alcanzo a jalar del brazo a Mary para que no vea la imagen pero ya es tarde. Que horrible sentimiento, se me hace un hueco inmenso en el estómago, es la primera persona muerta que veo en este viaje y la imagen es por demás lamentable. Fabián el chofer nos comenta que hay más gente herida y otros muertos también, parece que los dos coches se han dado de frente completamente. Hay un tumulto de unas 50 personas a los alrededores y varios coches detenidos, que falta de civismo, que exceso de morbo.
Llegamos a Yaundé sobre las 6 y visitamos un mercadito local de artesanías, entre discusiones de precios, negociación, rebajas y más negociación me hago por fin de un destapador local con formal de león jeje y unas chanclitas muy africanas, Mary compra un recuerdito para una tía y partimos para la congregación de unas hermanas donde pasaremos la noche.
La casa de las hermanas es inmensa, son 3 pisos, todo es exterior con azulejos y la escuela que tienen atrás también, me cuentan que se los ha donado una empresa Española, con todo y el envío por contenedor. Tomamos una ducha de agua fresca y bajamos a cenar, no cabe duda ya, sea en Bamenda o en Yaundé o donde sea, las hermanas saben cocinar y bastante bien, hay ensalada de huevo, unas rodajas de jamón, si, leyeron bien, jamón, pan, mayonesa, aceitunas y un poco de plátano frito, al terminar limpiamos y platicamos un rato con Luna, una hermana española, gallega precisamente, que ha conocido Clara en Guinea y ahora está aquí en Yaundé, a la cual no le entiendo mucho cuando habla, aún siendo español, entre su acento y su velocidad me pierdo.
Llueve de nuevo, vientos de nuevo, pero aquí la ventana es de aluminio y doble vidrio, o maravilla de tecnología, la cierro y es como si sellara todos los sonidos, puedo dormir decentemente.
Lunes 9 de Mayo
De la misa en francés me entero poco, al menos el desayuno me regala un buen café y un poco de pan con jamón del de ayer. Bajamos a conocer la escuela de las hermanas y la cancha de basquetbol, sigue lloviendo con ganas por lo que mis pies quedan empapados, así como la mitad del pantalón.
Fabián, el chofer de las Calasanzias, nos recoge y llegamos a la embajada sobre las 8:30am, hay que pasar por un detector de metales y estamos en las oficinas sin ningún impedimento. Cuando llega nuestro turno nos enteramos que no tenemos turno, todo debe ser con previa cita, además faltan foto copias y unos papeles, le digo a Mary que cuando uno va a sacar la visa a estados unidos carga casi una maleta de papeles, ya decía yo que el folder que traíamos se veía algo ligero.
De suerte una de las chicas de la Embajada es conocida de las hermanas y nos orienta un poco más en el proceso y como llenar el formulario que nos juega un mal rato en francés. Salimos para Catedral donde compraré incienso para la capilla en Bamenda, si como lo leen, no encuentras incienso en Bamenda, y buscaremos una copia a color del pasaporte, si aunque parezca difícil de creer no en cualquier sitio te sacan una copia a color. La zona por la que andamos a pie es el mero centro de Yaundé, el mercado principal, recuerdo el brote de cólera y me ando con las manitas en los bolsillos.
Cuando volvemos a la embajada ya hay una fila de esas de medio día en oficina de gobierno jeje, el carro se descompone y Fabián lo lleva a un taller cerca de la casa de estudios de los escolapios, escolástica. Nosotras terminamos el papeleo y tomamos un taxi que gracias a Dios entiende mi fracaso de frase ¨ vers cité verte¨ que es el fraccionamiento donde está la casa de los padres.
El taxi nos deja en la parroquia de San Antonio y agradezco el haber puesto atención aquellos primeros días de Enero donde caminé por aquí, no tardamos mucho en llegar a casa de los Padres donde encontramos al Padre Antonio Salas quien nos recibe con un jugo de piña y su particular sarcasmo. Entre charlas y bromas se da la hora de comer y la hora de partir, el carro gracias a Dios está listo, no ha sido más que una banda que se ha roto.
Paramos en un Restaurante a comer donde el pollo frito con plátano y zanahoria tarda cerca de media hora en estar listo, pero tiene muy buen sabor, además con esto del brote del cólera es mucho mejor detenerse en un lento pero buen restaurante que en cualquier puestecito de la calle. La mesera muy atinadamente nos trae un balde con agua y jabón antes de comenzar a comer, y es hasta entonces que siento un poco el temor por el cólera, pero estamos fuera de riesgo.
El camino de vuelta se acorta de las normales 6 horas a 5:30, la carretera por ser Lunes por la tarde está bastante sola y solo hacemos dos paradas, por gasolina y a comprar mangos. De camino Mary y yo platicamos de películas, tenía tanto sin hablar de cine, tenemos gustos en común y varias películas de cuales charlar, Mary tiene 29 años por lo que el tema y las opiniones se adaptan muchísimo a las dos.
Poco después me cuenta un poco de su historia, como es que se decidió a ser religiosa, sus primeros años de formación y estos últimos en Bamenda, las dificultades y lo bonito, la labor y la esperanza de lograr un cambio, por más pequeño que sea. Hay a ratos tintes de nostalgia en su voz, de añoranza, y cuando se lo pregunto me confianza que cada que va de vacaciones a España le resulta más difícil volver aquí, ¿será la edad que pide un poco más de estabilidad? ¿Será la carencia de ese tacto humano al que estamos acostumbrados? No lo sabe del todo, ni lo sé yo, pero ambas sospechamos que la clave está en la gente, en lograr llamar a alguien amigo.
No queríamos viajar de noche en caso de cualquier desperfecto mecánico pero la oración saliendo de Yaundé nos acompaña y nos hace llegar con bien a Futru. Subo a saludar a los Padres. Bajo y los postulantes practican sus cantos que me siento a escuchar con una tacita de té y leche antes de dormir, el cuerpo me duele de los pies a la cabeza pues además del total de 14 horas en coche, el carro de las hermanas no tiene el mejor sistema de amortiguación que digamos por lo que ya se imaginarán.
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