martes, 3 de mayo de 2011

Salsa al fin y fin de la Guerra Fría

Sábado 30 de Abril

La Guerra Fría continua y no bajo a desayunar hasta más tarde. Después del desayuno tomo mis cosas y huyo a casa de las Calasanzias donde paso la mañana. Martha y yo revisamos el plan para el verano, el campamento que queremos organizar en Menthe, durante una semana completa, la 2da semana de Agosto.

A las 12 hay misa con un Franciscano que lleva 18 años en Camerún, originario de Italia, y el próximo sábado vuelve a su lugar de origen, aunque como el comenta, ya es más Camerunés que Italiano, confiesa que no le será sencillo, que ya ha llorado hasta el cansancio, por dejar esta tierra que hace 18 años lo recibió y ahora no puede soltar.

Después de comer, que hoy hemos tenido todo un banquete, desde pollo hasta conejo, pasando por chorizo español y sangría, como despedida para el Padre, Clara y yo salimos a andar, aunque el término ¨andar¨ para Clara es más próximo a correr.

Trotamos hasta Menthe y más allá, donde literalmente se termina el camino, llegamos hasta las faldas de las montañas por detrás de Menthe y agradezco a Dios que el camino se haya terminado, si no Clara seguiría y yo después de los primeros 10 minutos de trote ya no podía con mi alma, pero el paisaje animaba a seguir, verde a más no poder, palmeras, árboles tropicales, los primeros mangos de la temporada colgando. Al volver a casa hemos trotado cerca de 1 hora y veinte minutos, me duelen desde los talones hasta las orejas, pero tomo una ducha veloz y salgo a la calle.

Visito a una familia en Mile 2, también esta Tiko elsobrinito de 2 años que se vuelve loco cuando le pongo un audífono del ipod en la oreja, después de charlar un poco con la familia salimos, andamos a buscar a un amigo quien no aparece por ningún lado y nos paramos a tomar un café. Ya sé que el consejo del Tío Rafael era abstenerme de cafés callejeros, por aquello de las infecciones intestinales, pero hoy realmente necesito de cafeína, después de ese medio maratón que Clara me ha regalado.

Más tarde encontramos al que faltaba y nos sentamos a tomar algo en un bar sobre el camino principal. Aquí es muy chistoso como la gente acuerda en verse, o se llaman y dicen ¨ya voy¨ y llegan 40 minutos después, claro que andando monte no es igual que tomando el carro para ir a casa de un amigo a dos fraccionamientos. Los meseros te toman tu orden y pueden volver 20 minutos después y nadie se altera, yo soy la única con arranques de 1er mundo, desesperada por unos minutos más o minutos menos que realmente a nadie le pesan, ¿Qué urge un sábado en la noche? No urge nada y se disfruta todo, las conversaciones, la gente, los amigos que pasan y saludan, reencontrarse con un amigo de Guinea Ecuatorial, charlar en español y escuchar que la música cambia regalándome dos deliciosas canciones en español, de ritmo salsero que sin dudar dos veces me paro a bailar.

Me insisten en que vuelva a la comunidad a cenar, pero lástima ya son las 7:30. Vuelvo a casa más noche, alcanzamos a tomar un taxi, pues a altas horas de la noche dejan de pasar, por ¨altas¨ me refiero a las 11pm, la vida nocturna en Bamenda empieza sobre las 6pm y lo más tarde terminará a las 12am, los jóvenes se ríen cuando les comento que a las 10pm apenas voy saliendo de mi casa un Viernes o sábado por la noche. Entro a la casa de puntitas, como si estuviera llegando en Mexicali a las 4am, aunque sean las 11:30pm.

Domingo 1ro de Mayo

¡Bienvenido Mayo! ¡Que alegría! Hoy cumpleaños Celestine, por lo que me siento un poco en la misa de las 8:30am para saludarlo, pero luego saldo he quedado de ir con Kisito a Mbelem, mejor así, una iglesia más chica y un coro divino.

Antes de partir me encuentro con Emilio en la entrada, le comento que le he llamado la tarde de ayer para avisarle que no cenaría en casa y con una mirada me disculpa del acto de rebelión que he tenido estos días.

Al volver entro a ver un concurso de cantos de los coros de jóvenes, Futru se lleva el primer lugar. Belinda la chica que dirige el coro tiene una voz angelical. Martha está ahí y me invita a comer con ellas de nuevo, a terminar con lo que ha quedado del banquete de ayer, acepto gustosamente, se que el Lunes volveré a las ensaladas, el arroz y el plátano frito.

Después de comer con las Calasanzias cae una lluvia, tormenta más bien, que aparte de robar la luz, aniquila los planes de la tarde. Martha se ríe al ver mis expresiones de frustración y ligeros grados de ansiedad, pues tengo el kit de supervivencia para lluvias en el cuarto en casa, lo que serían libros, ipod, etc.… y aquí no me queda de otra más que sentarnos a tomar un café. Me cuenta como ella también se alteraba mucho con la lluvia y eso que Bilbao, España, su pueblo, llueve mucho, pero es lluvia más ligera, no tormentas del fin del mundo. Clara se sienta conmigo un rato y le muestro fotos de familia y amigos, justo cuando hablaba de los Abuelos Zorrilla entra una llamada de ellos, que impacto de telepatía transatlántica jajá.

Cuando cesa la lluvia vuelvo a casa, la banquita me espera para preparar la clase de Starlight, que me está causando dolores de cabeza, amo a los niños, no amo las diferencias de edades, no amo tener alumnos de 9 años y de 15 a la vez y que las dinámicas o juegos no puedan cubrir todo ese rango de edad, amo que participen, no amo que participen solo los pequeños, así que hoy me decido a inventarme algo diferente, cambiar la dinámica, la pedagogía, como me gustaría un psicólogo en estos momentos, o alguien que se pueda llamar ¨maestro¨ realmente, no este intento de educadora que hoy me siento.

También preparo la clase de los postulantes del lunes, Justin anda por Yaundé y lo cubriré en la clase, así que me adelanto, tengo además sesión con las Calasanzias, por lo que el arranque de la próxima semana pinta bastante bien.


Poco a poco llegan los postulantes, con sus maletas y muchos kilos de menos, me sorprende que vengan tan delgados, pero sé que no tiene caso preguntar, muchos tienen vidas familiares difíciles, o aunque vengan de familias estables, no es lo mismo comer en esas casas que comer con los Padres en Bamenda, y se les nota, en la ropa holgada y los brazos delgados.

Durante la cena le cantamos las mañanitas a Celestine, no hay bebidas, pero el mejor festejo es verlos a todos juntos de nuevo, sonrientes.

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