Martes 31 de Mayo
La esperada, pero no deseada llamada llega, después de las oraciones, y trae consigo un tinte de tristeza pero muchos más de paz, porque ya descansas, porque ya no sufres y porque los que aquí estamos, descansamos también sabiéndote tranquilo.
Papa lo dijo muy claro “tomate un tequila y a celebrar” y el resto de los amigos y compadres que acompañaban a mi familia en esa su noche, esta mi mañana, estaban en la misma sintonía, sonrientes, tranquilos, compartiendo el momento de despedir con gusto, con orgullo y fortaleza a un gran hombre, que algunos solo conocen a través del reflejo en Papá. Me despido de todos, tranquila, consciente de que el día de mañana estarán esperándome con un abrazo y un tequila, para brindar juntos una vez más por las bendiciones de la vida.
Al mal tiempo darle prisa así que me pongo de pie y en menos de media hora estoy ya con el vestido y desayunada para salir rumbo a la ordenación en Catedral. Llegamos bastante a tiempo, aprovechando una buena maniobra de nuestro conductor que al pasar la escolta de alguien importante en gobernación nos agregamos con las luces intermitentes pretendiendo ser parte de la caravana.
Con todo y el atajo la explanada de Catedral ya está prácticamente llena, la gente en sus sitios, hombres y mujeres con la tela conmemorativa azul claro, cada uno a su propio estilo. Las camisas de los hombres no varían mucho en cuestión de diseño, pero los vestidos de las mujeres sí que cambian, van de largos, a cortos, amplios, embarrados a la silueta, con los hombros descubiertos, con la espalda en V, etc.… cuan amplia sea la imaginación de la costurera así de original será el vestido.
La misa empieza muy puntualmente pasados 5 minutos de las 9am, después de la larga entrada de los que serían cerca de 250 sacerdotes y unos 20 obispos. Me pierdo la primera parte, los cantos y las lecturas, creo que hasta el evangelio, pues mi estómago ha decidido que la mezcla de la bilis, por la nota oscura de la mañana, y el pan con Tartina no combinan, así que va, todo para afuera, claro en su debido momento y lugar, o sea por detrás de la primer pared con relativa privacidad que encuentro.
Cuando vuelvo a mi sitio el sol está insoportable, entre las prisas he dejado el paraguas en casa, pero logro agacharme un poco y tomar sombra del paraguas de la señora frente a mí, generando un par de risas a mí alrededor. En ciertos momentos de la misa los paraguas se deben cerrar, sobre todo en el momento de la ordenación, pues la gente se molesta si no ven a detalle todo el acontecimiento, yo la verdad paso por alto mucho del protocolo y me termino poniendo mi camisa blanca sobre la cabeza para tener un poco de sombra.
Después de la comunión vuelvo a casa, no estoy para una hora más de discursos antes de la bendición, tampoco me interesa mucho quedarme a una comida con largas filas, pisotones y luego para que la comida sea muy local y termine comiendo puro arroz ante la falta de opciones. No, hoy no, hoy me tomo el tiempo para mi propio protocolo.
Vuelvo a casa, de un regaderazo me quito el sudor, olor a sol, maquillaje y todo. Salgo al jardín y recolecto un par de florecitas para ti, las pongo en un florerito improvisado de una botella de cacahuates y las dejo frente a mi espejo, que aromen el cuarto, que endulcen la vista, que me hagan sonreír cada que las mire pensando en ti.
Armo otro mini florerito y lo llevo a la capilla, donde me siento a platicar, platico con ella, para que te acompañe y platico con él para que te reciba, hasta te platico a ti, imagino que la conexión ahora es mucho mejor que la que Skype pudo habernos dado aquella tarde de cumpleaños.
Bajo a comer, consciente de que la mayoría de la comunidad sigue en Catedral, mejor así, la comida es tranquila, una conversación ligera y un par de risas. Me reservo la noticia familiar para mis adentros, tenía rato que no disfrutaba de la compañía de la que disfruto hoy y sobre todo del ambiente, de la charla sincera y abierta, así que por hoy, mis propias ideas pueden esperar.
Por la tarde hay sesión con los jóvenes, por fin coincide todo el equipo de Futru y curiosamente como unos tenían unas ideas, otros los juegos, otros la historia, armamos bastante rápido los primeros días y practicamos un par de juegos en el reducido espacio del salón pues la lluvia nos limita el patio y prolonga la sesión dado que no pueden volver andando a casa. Cuando termina de llover la luz se toma un tiempo fuera y confirma que es el momento de despedirnos.
En las oraciones te mencionamos, hay unas cuantas caras de sorpresa, pues no hubo un previo aviso, este día no hubo ¨Ashias¨, ni abrazos, ni frases de “¿Cómo te sientes?” o “Mi más sentido pésame”, no hubo nada de eso, al contrario, hubo una inmensa celebración con muchos cantos y bailes, hubo una comida que se sintió familiar, hubo una tarde llena de espíritu de juventud y una oración llena de paz, hubo tanta vida en este día, en el que tu vida ya no nos acompaña en cuerpo, pero tu espíritu se siente vivo en los que has dejado aquí.
Y creo que fue mejor así, es parte de tomar lo bueno de lo que se vive, de lo que se observa. Los funerales aquí son toda una celebración, la gente se alegra en los casos en que muere una persona mayor que sufría por alguna enfermedad, y creo que es lo más humano, permitir que descansen, permitirles dejar de lado el cuerpo que ya no ayuda al espíritu, que solo lo limita. Así que no me verán con los ojitos rojos, ni la nariz de Rodolfo el reno de Santa, no voy a andar como alma en pena por las escaleras de esta inmensa casa o tirada en la cama esperando a que los minutos del reloj consuman la tarde, esta vez no, ya lo viví hace 3 años, perder a alguien lejos de casa y si algo aprendí es que la vida sigue, mientras mejor cara le pongas mejor.
Así que con la frente bien en alto y los ojitos contentos, salgo a la calle. Un bueno amigo me acompaña y cumplo a medias el mandato de papá, no hay tequila, pero te brindamos con una cervecita. Cuando regreso a dormir la diferencia de horas me recuerda que allá en nuestro México, apenas empiezan a despedirse de ti.
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