domingo, 19 de junio de 2011

Un pollo al natural

Viernes 17 de Junio

Hoy es día de compras, Comercial Avenue nos recibe, cada quien con su listita y pendientes. Yo principalmente voy por materiales para el curso de formación de la próxima semana, me entristece ver que no encuentro ni la mitad de la lista, no veo papel de china, bolas de foam ni tachuelas, es algo complicado dejar volar la imaginación cuando se trata de manualidades y luego enfrentarse con la realidad de que no existen todos los materiales en el mercado, hay que adaptarse a la realidad.

Entre compra y compra compartimos un yogurt y pienso en todos los yogurts que no tomé en casa, cuantas veces por descuido se caducaban al fondo del refrigerador, hoy por hoy, el yogurt es para mí un alimento de lujo, de esos que no todos los días tienes a la mano, pero cuando lo tienes es una delicia. De vuelta a casa paramos por unas brochetitas de carne, 100 Francos cada una, es bistec y además sazonado con alguna semilla local, que deja la carne blandita y realmente sabrosa, el broche de oro es una coca cola. Cuando llegamos a casa ya ha pasado la hora de la comida, por lo que tomo un par de limones de los que he comprado en el mercado y me preparo unas zanahorias con chile Valentina, una tarde de cinépolis, solo que sin cinépolis. Brad Pitt y George Clonney me aligeran el cansancio y el tirón que traigo de la mitad de la pierna a la espalda cuando tropecé por el mercado.

Más tarde pasaremos por un maíz asado y volvemos a casa justo para las oraciones, pero decido saltarlas, sin motivo alguno en ese momento, aunque 5 minutos después entrará una llamada de casa confirmando mi, atinada y sin fundamentos, decisión de no ir a las oraciones. La familia se va de vacaciones a la playa una semanita, muy merecidas vacaciones, ha sido un semestre difícil, tenso, con melancolía combinada con distancia y frustraciones, planes adelantados y vidas acortadas, por lo que más que envidia, siento un alivio, al imaginarlos ahí, tumbados en la arena, cada uno con su traje de baño y un buen tequilita de compañía, que les he dicho deben brindar cada que me recuerden.

Sábado 18 de Junio

Temprano me dispongo a trabajar pero la luz tiene otros planes y nos abandona hasta la tarde, parece que están haciendo reparaciones o algún cambio en la línea central y anuncian que no habrá luz todo el fin de semana. Hay que volver a lo básico y escribir planes a mano, pienso en el horario de la próxima semana, que haré durante esas 3 horas y media cada mañana, porque juegos comenzar o cuáles serán las manualidades más útiles para practicar, porque me queda claro que no se puede hacer todo, hay que escoger lo más útil.

A media mañana noto que los postulantes están matando gallinas, y dado que la última vez me auto prometí intentar esa rama de la cocina, la natural, el inicio de todo, pues me armo de valor y me asomo. No tomo bando a la hora de la matanza, de eso que se encarguen ellos, el siguiente paso es el animarse a hundir la gallina en una olla de agua hirviendo, para suavizar la piel y que sea más fácil arrancar las plumas. Me ha costado cerca de 5 minutos atreverme siquiera a tomar la gallina por las patas, ahora no se diga sumergirla en el agua, para cuando logro sumergirla mi brazo está tan cansado que desisto y salto al siguiente paso.

Una vez empapada la gallina, hay que arrancar las plumas, todas y cada una. Empiezo apenas con el dedo índice y el pulgar, de pluma en pluma, mientras ellos a mi lado arrancan de a montones utilizando toda la mano. Poco a poco tocando, palpando la piel de la gallina, buscando no enfocar mi mirada en su cuello roto que muestra la tráquea y algunas sobras de sangre, y definitivamente evitando ver su cara, sus ojos cerrados pero cocidos por el agua hirviendo. El olor de la gallina en agua hirviendo me es insoportable, desata inmediatamente en mi interior esas ganas de devolver mi sencillo desayuno.

Terminando de desplumar, sigue la parte de la limpieza. Empezamos por las patas, hay que cortar el ligamento frontal en la rodilla e inmediatamente se siente como una de las garras, la central, pierde fuerza y se destensa, el sistema nervioso es impresionante, pienso en mi rodilla y me río imaginándome cual gallina en el quirófano en la operación de hace un año.

Se dobla la pata de la gallina por la rodilla y se termina de cortar las conexiones entre lo que vendría a ser el fémur, la tibia y el peroné. Creo que lo más difícil ha sido esa sensación al cortar el ligamento que se puede sentir en toda la palma de la mano al estar sosteniendo la pata, pero una vez superado o semi superado ese primer trauma lo demás en sencillo. A la pata se le hace pedicura, hay que cortar las uñas, que gracias a Dios solo son 4 jajá y luego a la olla.

Sigue limpiar la gallina por dentro y ahí sí que mi estabilidad mental se quiebra un par de veces, entre las sensaciones de asco, las ñañaras, nauseas, todo mezclado, se me salen un par de lagrimitas, pero un postulante sabiamente, incluso tal vez inconscientemente, usa la técnica de ponerme de malas, presionándome o burlándose de mí, y el simple hecho de estar molesta me facilita el resto de los malestares.

Tomando por el cuello, algo bastante grotesco pues está roto y ensangrentado, se corta un poco más debajo de donde ha sido la rotura y se desprende por completo. Sigue abrir con los dedos un poco por donde ha sido el corte y retirar un órgano, desconozco cual, prometo investigar.

Luego hay que ir a la parte trasera, juntando las patas fuertemente se corta por debajo, hay que sacar primero un órgano bastante grande y duro, detrás de él le siguen los intestinos y todo lo demás, cuidando de no reventar un órgano verde que me dicen que es la bilis, pues amargaría el pollo por dentro. Yo igual no me entero mucho, hago todo casi automáticamente y sin ver mucho lo que toco, viendo más en general la escena.

El olor más insoportable es cuando se revientan por aquí y por allá algunos órganos, cuando hay que retirar la comida ya procesada por la gallina, por ponerlo en palabras menos grotescas, cuando hay que abrir el estómago y vaciarlo. Los olores que desprende todo el manejo del sistema digestivo distan de compararse con el olor de la gallina en agua hirviendo, es por millones peor.

Pero bueno, termino y además limpio unas 3 más, cuando se terminan las gallinas me lavo las manos, vuelvo al cuarto, tomo una ducha, me vuelvo a lavar las manos y creo que las lavaré un par de veces más, pero el olor decide acompañarme lo que resta de la mañana. Durante todo el rato de aprendizaje los postulantes se han reído una y mil veces y me han preguntado cómo es que no sé hacerlo, me cuesta trabajo explicarles que en mi realidad se compra el pollo ya casi listo, es más hasta me cuesta trabajo pensar en las fábricas de pollo, ellos siguen riéndose y yo aprovecho el coraje de sentirme inútil en algo tan desconocido para mí, pero tan natural finalmente.

Para la hora de la comida, por obvias razones mi apetito no es el más potente el día de hoy, por lo que como solo un poco de arroz, además sin sal pues Fide está cuidando la salud de Emilio. Mi estómago resiste y no devuelve nada, pero las nauseas y el asco me durará hasta entrada la tarde.

Bajo con las Calasancias y les cuento de mi hazaña, y platicamos un poco mientras comen Achú, que en verdad aceptaría, de no ser porque no quiero presionar la resistencia de mi estómago. Más tarde Mary, Blendoli, Harriet y yo jugaremos básquetbol, bueno entre jugar y enseñarles, al inicio y al final un 21 entre Mary y yo me remontan a mis épocas de basquetbolista y como lo disfruto, es mi premio en este día donde he retado mis nervios, decisión y valentía hasta el cansancio.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario