domingo, 24 de julio de 2011

Otra despedida con sabor

Sábado 23 de Julio

Después de semejante semana me regalo una mañana excepcional. Bajo a desayunar tranquilamente pasadas las 7 y media, cuando ya no se escucha el bullicio de los Padres y aun no llega el de los postulantes, disfruto tranquilamente de un café y pan tostado, mordida a mordida, sorbo a sorbo, me desprendo del estrés de los últimos días. Vuelvo al cuarto y me dedico a escribir, arreglar las fotos de toda la semana pasada aclararlas y clasificarlas por verano, igual con los videos agregándoles título y subo al internet a compartir un poco de lo último estos días.

Bajo al cuarto a darme una ducha y prepararme para salir a comer con Bon, hemos quedado sobre la 1:30 pero por error de comunicación yo lo espero en Center Bol y el arriba en el compound cerca de 20 minutos. Cuando baja tomamos un taxi y paramos por la Iglesia en Bayele, donde el mini local de nombre Elvis Salat nos recibe. Es un sitio pequeño pero acogedor, la cocina se encuentra dentro de un contenedor metálico, como muchos locales de aquí, pero el dueño ha forrado por dentro con tablas de madera, mismas con las que ha formado un perímetro alrededor del contenedor, donde hay un par de mesas y sillas que pudieran recibir a lo mucho 10 personas, el local completo debe medir unos 3 metros de ancho y 8 de largo, cortinas tradicionales como puertas y solo un foco dentro de la cocina.

Aún siendo pequeño y sencillo, la comida resulta excelente, nos sirven un plato a tope, la mitad con ensalada de lechuga, tomate, repollo y aguacate, la otra mitad de papas fritas y sobre ellas un omelette doblado por la mitad, exquisito. Bien dirán por ahí que la envoltura no es necesariamente equivalente al contenido, pues este localito aplica la idea perfectamente y nos brinda una deliciosa comida, acompañada con agua y pan baguette, estilo francés.

Volviendo a Futru paramos en Mile 4 donde un costurero me ayuda a pasar la maquina por las orillas de una tela que me ha regalado Clara y usaré como rapá ahora que vaya para Ndop, he descubierto el secreto local de cambiar los pantalones por rapás, a la hora de lavar a mano, esta tela pesa muchísimo menos que un levis, así que renunció a mis pantalones hasta que no haya nuevamente lavadora.

Llegando a Futru subimos al compound de Bon, donde saludo a su madre que se encuentra preparando Achú, me explica un poco sobre la preparación. Primero hay que hervir el plantane y cocoyam para después molerlos juntos con un poco de agua hasta formar la pasta que se envuelve en hojas de plátano, después con las mismas cenizas de la madera coladas con un poco de agua logras que se desprenda el potasio que se mezcla con aceite de palma hirviendo y especies locales, hasta que adquiere el color amarillento y el sabor indicado, una hora después del reposo de la pasta, a disfrutar. Parece sencillo le digo, pero de ahí a poder cocinarlo hay un inmenso océano de diferencia jeje. Alfonse el sobrinito anda por ahí correteando y una de las sobrinas me enseña la técnica para atar los rapás sin temor a perder la tela a mitad del camino jeje. Entre charla y convivio entra una llamada de casa y me encanta escuchar la voz de mamá con el panorama de Futru delante, pues el compound de Bon se encuentra a espaldas de la parroquia, pero a un nivel más elevado.

Bajaré para saludar a Clara que ha vuelto de dejar a las niñas en Widikum, he recordado que volvían a sus casa de vacaciones a media mañana y he sentido un huequito por haber olvidado despedirme ayer de ellas, pero recuerdo el último beso de las pequeñinas cuando volví de Yaundé y recuerdo los de las mayores, Cinthya y Lucy, ayer en la clausura de los cursos de verano. Finalmente creo que me ha sabido mejor esa despedida sin sabor a despedida, lo último que me gustaría es ver sus caritas tristes al decir adiós, mejor así, que la vida nos despida sin que ellas ni yo nos demos del todo cuenta.

Subo a casa para lo que serán las últimas oraciones de los postulantes y la última cena que compartiremos juntos. Al final Pascal habla por todos y agradece a la comunidad por este primer año de formación y Emilio les dedica también unas palabras breves pero muy simbólicas. Mañana me he propuesto levantarme para la primera misa y poder despedirme de ellos al salir.

Domingo 24 de Julio

A las 6am estoy africana de pies a cabeza, bien lista para la misa, con mi falda, blusa y pañoleta de la última tela que compre hace unas semanas, mis sandalias blancas y aretitos locales. Ayer me he trenzado las trenzas, y hoy por la mañana después de la ducha fría, pues me olvidé de prender el calentador, me agrego un poco de color en los labios para cerrar el atuendo más Camerunés que pudiera ponerme.

La misa de 6:30 pasa rápido y es hasta el final donde comienza el dolor de cabeza exigiéndome café. Saliendo bajo a desayunar y a compartir unas últimas risas y frases, además de pan y café, con los postulantes, quienes ya tienen las maletas listas y los ánimos a tope, imagino lo que extrañan su casa, su familia, sus amigos. Después del desayuno traerán sus maletas a la entrada y dos taxis suben para cargar con las cerca de 18 maletas.

Es hora de los últimos abrazos, palabras de despedida y buenos deseos, en un parpadeo están los 6 en los coches y parten. Me quedo sentada en la banquita como esperando a que alguno vuelva por si olvidó algo, imagino que mi cara expresa un poco el vació que siento porque uno de los Juniores me lo pregunta, pero ya que salgo del momento interno, no quedan rastros de tristeza, escojo sentirme de lo más feliz, por el tiempo que compartimos, las charlas, lo aprendido, por aquellos que se volvieron casi hermanos y en quienes encontré un inmenso apoyo en momentos difíciles también.

Subo a esperar a que termine la segunda misa y saludo a los Padres que andan por la casa, bajaré al campo detrás donde Bon juega en la liga de veteranos y me dedica el primer gol que anota. Aunque el cielo está algo nublado, entre los huecos surge el sol, que hoy está algo fuerte, por lo que al terminarse la primera mitad subo a casa de las Calasancias para literalmente presumir mi atuendo a Clara, cual niña con juguete nuevo. Hogareñamente me recibe, platicamos y le ayudo a partir papas para la comida.

Decido subir a casa y comer con lo que queda de la comunidad, que aún sigue llenando una mesa, ente los padres, los juniores y uno que otro invitado por ser domingo, al menos el ambiente no se siente vacío aún. La comida es excelente, como cada domingo, hay un par de bebidas también y de postre piña.

Vuelvo al cuarto a preparar la maleta, mañana muy atinadamente ahora que la casa comienza a vaciarse, partiré para Ndop por una semana, por lo que la soledad se desvanecerá una vez más entre niños, juegos, cantos y demás actividades que me esperan en el curso de verano allá. Lo único que me tiene algo inquieta es la cuestión del café, pues imagino que en la familia que me reciben no se acostumbra, pero ya veré como lo resuelvo, de ahí en fuera no hay nada que me preocupe, ni la ducha a balde, ni la comida local, ni nada, estos meses aquí me han preparado de sobra para la semana que viene, que ansío vivir al máximo, como niño esperando su cumpleaños o navidad.

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