Sábado 2 de Julio
Meri toca mi puerta, esta lloviendo por lo que su excursión a Mount Calvary se cancela. Nos quedamos platicando en la cama y bajamos a desayunar, ella vuelve con las Calasancias y yo subo a seguir bajando dibujos y preparando el listado de copias que debo sacar. Meri vuelve y revisamos un poco el internet antes de partir para Mile 4 para encargar las copias, serán alrededor de 14,000 francos (28 dolares, ¿350 pesos?) por las 800 copias de dibujos y manualidades que se harán entre los 3 veranos.
Volvemos a casa justo para comer y vuelvo al cuarto para escribir un poco. Julie, la doctora del Congo, pasa por el cuarto y me pide que le ayude a deshacerse las trenzas del cabello, que tienen además extensiones. Hay que desenredar de la punta, ir deshaciendo hasta la raíz, donde con unos ligeros tironcitos se desprende la goma de la extensión del cabello y se tira al suelo. Terminamos una hora y media después, con una montaña de cabello postizo, las puntas de mis dedos adoloridas y las piernas ni se diga, de estar parada todo el rato. Entre el rato la llama su padre del Congo y charla con el en francés, curiosamente México se contagia y me llaman mis padres también, llenando la habitación de español al mismo tiempo, cuando ambas terminamos nuestras respectivas llamadas volvemos al Inglés, es una pasada esto de los idiomas, me sorprende el cerebro humano, hasta ahora no ha tenido ningún corto circuito entre tanta cambiadera.
Al terminar se amarra su corto cabello con una mascada, en un estilo turbante, original del Congo y me muestra como hacerlo. Durante el rato me ha contado de su vida, ha vivido 2 años en Alejandría, Egipto, y le muestro el libro que he comprado antes de venir, cuando tenía las intenciones de visitar Egipto, pasa las páginas y sonríe, imagino que recuerda buenos momentos y poco a poco comienza a compartírmelos, ciudades que visitó, las pirámides que escaló, el Rio Nilo y los cruceros, las tumbas de faraones. Sus relatos, aún con la dificultad del Inglés, están llenos de descripción, de emoción, sobre todo la que proyectan sus ojos. Mentalmente me transporto a Egipto con su plática y para cerrar el viaje mental, volviendo a la realidad, me enseña como atarme la mascada a la cabeza, al estilo musulmán, dejando libre la cara y cubriendo hasta los hombros, enganchando con unos alfileres, y me toma un par de fotos.
Bajo a casa de las Calasancias un poco tarde, la masa de las galletas está lista y han comenzado a hornear. Yo intento la receta de las tortillas de harina, la primera resulta ser prácticamente una pita arábe, gorda y casi cruda jaja, la segunda mejora y la tercera es casi una tortilla mexicana, pero tiesa, tirándo a tostada jaja, aún con eso al ponerle un poco de mantequilla y probarla si que se aproxima al sabor original.
Mientras las Calasancias rezan, Meri y yo seguimos horneando y platicando. Me quedo para cenar y disfruto en lugar del espagueti un poco de yogurt natural del palacio de Akum, que en el refrigerador de las hermanas de ha conservado mucho mejor que en el mio, manteniendo un poco más su sabor dulce.
Domingo 3 de julio
Meri y yo salimos para Mbelewa, anunciaré las actividades de verano en la Iglesia presbiteriana del lugar. Beltine y Madgalene están ahí también. Desconosco el procedimiento del anuncio por completo por lo que las chicas se arreglan con una mujer de ahí quien nos invita a sentarnos en una de las bancas, a los minutos comienza el servicio, lo que sería la misa, presbiteriana, y me sorprendo de las similitudes pero más aún de las diferencias.
Dirige una mujer, quien con una túnica blanca canta y baila desde el altar a todo ritmo y volumen, contagia, inspira, una señora cerca de nosotros vive tanto el momento que con los ojos cerrados y moviendo su mano al compas de las canciones pareciera estar en pleno trance espiritual. Los cantos son similares y las lecturas y el evangelio igual, lo mismo con la gente que asiste, mujeres con vestimenta tradicional, hombres un poco más modernos, el grupo de jóvenes y el coro. En esta Iglesia se sientan por grupos, puedes ver los banderines con el nombre de cada grupo colgados de las paredes, el grupo de mujeres, el coro, el grupo de jóvenes y el grupo de hombres.
Al finalizar el evangelio viene la homilía, que ahora lo da un hombre, habla del llamado de Dios y nos invita a reflexionar si lo escuchamos, si lo seguimos, volteo con Mari y le digo “ni modo que lo negemos” jaja la ironía del momento es por demás divertida. Dado que en la Iglesia presbiteriana no hay comunión, terminando la homilía seguirán un par de cantos y llega el momento de los anuncios. Después de los propios de la comunidad nos invitan a pasar al frente, al púlpito. Beltine, como me lo imaginaba, da un paso atrás y sin pensarlo dos segundos me paro al frente a invitar a la comunidad.
Deberían de haberme visto, ahí con mi Inglés mezclado con Pidgin, tratando de que no se me notase el nerviosismo, por estar frente a gente que es la primera vez que veo, anunciando el verano con los niños, invitando a los papas a mandar a sus hijos a una actividad que finalmente realiza una religión diferente, una congregación, que es cierto que conviven codo con codo, pero igual me ha entrado un poco el temor al rechazo público o a algún abucheo, pero al contrario, la gente responde, veo las caras de las mujeres y los hombres asintiendo, parece que mi ingles-pidgeano está funcionando, logro transmitir seguridad y bondad en la causa, el anuncio resulta exitoso.
Salimos poco después, Meri y yo vamos algo impactadas por el momento, en general todo el servicio. Beltine y Magdalene me lo agradecen y parten para Futru, tienen Rally en la parroquia. Partimos para Menteh, donde quiero llegar hacia el final de la misa para ver si los jóvenes se presentan para registrar a los niños. Curiosamente llegamos justo a tiempo para la comunión, que es detalle ausente más distintivo de la iglesia presbiteriana, por lo que comulgo, sintiéndome tan completa en ese momento.
Al finalizar la misa Clinton y Kevin están ahí, se acercan un par de padres y registramos a los primeros 6 niños, y mi alma da un respiro, si hoy hay 6 seguro el lunes habrá el doble. El verano en Menteh comienza a tomar forma, a recibir caritas sonrientes. Lamentablemente no están las chicas monitoras y presiento será un dilema el día de mañana. A la vuelta una mamá viene con nosotras dado que las 3 vamos para Mile 4, paramos en casa de los padres a saludar y compartimos un poco de yogurt casero, Menteh casero.
Cuando andamos para Mile 4 pasan de las 12 por lo que el sol es demasiado fuerte, decidimos tomar una moto para aligerar el trayecto. Ente el conductor, Meri, la mama y yo, las pobres llantas de la moto van raspando a cada desnivel. Al llegar a Mile 4 llamo a la mujer de las copias, dado que ayer se me ha hecho tarde para pasar por ellas, y aunque el local está cerrado, por ser domingo, accede a venir a dármelas. Mientras esperamos, con una cocacola en un bar cruzando la calle, comentamos lo imposible de la situación en el 1er mundo, lograr que el dueño de un local venga a abrir para entregar fotocopias en pleno domingo.
Llego a casa un poco tarde para la comida, acalorada, exhausta. Tomo un poco de agua y ensalada, mientras se presenta ante mi Silas, un escolapio que acaba de llegar de Senegal, de terminar Filosofía, y con las intenciones de armar una semana de actividades en Dschang, a dos horas de Bamenda. Ha escuchado que ando por estos rumbos y ha venido de Bambui, su aldea, para pedirme que les ayude con manualidades y dinámicas. Estoy tan cansada que pienso seriamente en negarme, pero recapacito, a eso he venido y mejor tarde que nunca, otro verano para niños. Acordamos dos juntas para los próximos miércoles y prometo considerar un fin de semana en Dschang, antes del comienzo de las actividades, que serán del 18 al 24 de Julio.
Vuelvo al cuarto, a separar las copias según verano, todo esto en la misma ropa de la misa, mi falda de tela tradicional y mi florecita en la cabeza, termino algo sucia, pero que más da, nos espera una tarde de futbol, juega Bamenda contra el equipo en primer lugar de la liga camerunesa. Llegamos al juego un poco tarde, pero con suerte, hemos pagado el boleto de menor costo y nos permiten pasar al otro lado de la cerca que divide la zona de 500 francos y la zona de 2,500, quedándonos en el medio, con la vista perfecta del campo de frente y sin estar apretujadas entre la multitud de fuera, o incluso la del techado.
Hoy esta lleno el campo, lleno de principio a fin. Hay tanta gente que los motociclistas se paran en los asientos se sus motos para ver el partido, otros tantos se suben a los contenedores metálicos, esos que viajan cruzando el atlántico con mercancía, en barcos, ahora son las mejores bancas, con cerca de 3 metros de altura, les dan una vista privilegiada, otros se cuelgan de las rejas, en fin, es un relieve de gente impresionante.
Casi por finalizar Bamenda anota, envolviendo al campo completo en una euforia y celebración que nos tele transporta a alguna de esas escenas africanas de tantas películas que alguna vez. Terminando el juego partimos por algo de tomar y volvemos a casa con un poco de retraso para la cena. Mañana empiezan los veranos con los niños y por la noche los nervios me consumen, de que todo salga bien, de que todos la pasen bien, me cuesta trabajo dormir, siento como si fuera mi primer día de clases en la primaria o algo por el estilo.
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