Domingo 17 de Julio
Me levanto algo tarde, bueno equitativo a la hora a la que hemos llegado ayer. La ducha fría con balde termina de despertarme el espíritu y disfruto de un café con la vista de toda la ciudad de Yaundé a los pies de la Escolástica. Escribo un poco y reviso el correo, en lo que llega la hora de la comida, después bajaré por crédito a la primera zona comercial cerca de casa, unas galletas y un chocolate. El Padre acepta mi invitación por una nieve y junto con una amiga suya compartimos un buen rato entre francés e inglés y con los enormes edificios de la ciudad capital de fondo en la famosa nevería Dolce Vita. A pesar del lento servicio de las meseras, terminamos justo a tiempo para volver a la parroquia, a diferencia de la zona anglófona, aquí en Yaundé el Obispo si permite las misas por la tarde, por lo que asistiré a la de las 6:30pm.
Para hacer un poco de tiempo camino por los alrededores de la parroquia que está rodeada de un complejo de edificios departamentales de cerca de 5 pisos y me detengo a verlos como si fuera el primer edificio alto que veo en años. En la esquina paro por un café en un puestecito de musulmanes, que se rehúsan un poco en atenderme, entre ausente francés y ser mujer imagino, hasta que un chico local me ayuda a traducir, pide y paga el café por mí. Entra una llamada de casa y los escucho como si estuviéramos a unas cuadras de distancia, y es que el tiempo se acorta, cada vez menos para vernos.
Durante la misa platico a medias tintas con unas chicas a lado mío que traen a un bebé, que a ratos me permiten cargar, como todo mundo permite por estos lados con sus hijos, y mientras el bebé tira de mis aretes intento escuchar y descifrar la homilía del Padre cachando un par de palabras por aquí y por allá por lo que terminaré pidiéndole un resumen de vuelta a casa. En casa cenamos y partimos a visitar a la familia del Padre Romeo, que se encuentra en reunión familiar. Las familias aquí suelen reunirse de vez en cuando, especialmente después de eventos como las bodas, para evaluar cómo ha ido todo, la participación de los miembros familiares, los aciertos y los fallos.
Mientras terminan su junta yo juego con los sobrinitos, enseñándoles a llamarme por mi nombre y no “La Blange”, robándole el osito a una pequeña hasta que le gano un beso, haciendo cosquillas a los otros e intercambiando palabras y frases en francés y en español con las sobrinas más grandes. Volveremos a cenar un poco al terminar la junta, es imposible negarse el menú es todo un buffet y además se ve mal si lo haces. En casa copio un CD de un grupo local que he tomado del coche del Padre, para llevarme un poquito más de música en Francés.
Lunes 18 de Julio
Partiremos con el carro de la comunidad de Bandjou, retrasándonos un poco un par de pendientes, saldremos por fin cerca de las 9 y media. Durante el trayecto platicamos a ratos y me quedo dormida a otros, me es imposible mantenerme despierta en estos viajes, sin saber precisamente porque, aunque sospecho indicios de algún malestar general pues traigo náuseas. En la comunidad de Bandjou nos reciben para comer y nos acompañan a tomar un autobús que me sorprende al no ir a reventar, cada quien en su sitio, la tapicería completa, las paredes limpias, incluso con altavoces y música.
Sobre mis piernas mi mochila y mi bolsa, llena de cocos y frutas que hemos comprado sobre el camino, mi suéter y la botella de agua, serán unos 15 kilos que cargo durante las 2 horas y media que dura el viaje hasta Bamenda, que duermo a ratos y en otros disfruto de la música local que ya me conozco. Al llegar a Bamenda tomamos un taxi, Romeo baja en Mile 4 y yo sigo hasta Futru, donde para mi mala suerte no está Justin y es quien tiene mi llave del cuarto. Tomo la ducha casi a oscuras y bajo a cenar por pura inercia de movimiento. Después de la cena tenemos junta con los postulantes para planear el evento final de cierre de los veranos este viernes.
La junta que debía ser rápida y sencilla termina durando dos horas y media. Entre discusiones sin sentido, apatía de participación al inicio, si los niños esto, si los jóvenes aquello, en fin, hay momentos donde me dan ganas de sacudirlos a todos, pero es cuando recuerdo que estoy en Camerún, no en México, que se haga acorde a su cultura, su programa, sus jóvenes, yo estoy de paso y como le diré a Emma que tengo a mi izquierda “me reservaré mis comentarios para un libro” Me alegro al menos de que Justin cierra la junta con un rezo, donde sus palabras son las necesarias para el momento.
Martes 19 de Julio
Nada, mi cuerpo sigue sin responder, el viaje me ha dejado por demás exhausta. Abandono la idea de las oraciones y la misa, me quedo en cama hasta el desayuno, necesitaré de dos tazas de café para empezar a reaccionar. Lavo un poco de ropa y ayudo a Emma con unos arreglos de música para el verano en Futru.
Bajo a la costurera para hacer el último encargo del viaje y de camino escucho el peculiar “Antie Andrea” de las niñas de las Calasancias. Sandra, Delfín y Marie Clare me reciben con unos abrazos y besos que aún sin irme ya comienzo a extrañar, imagino que pudiera meterlas en la maleta o disfrazarlas de muñequitas tradicionales para que cada mañana no me faltara un beso de ellas al comenzar el día.
Paro por el taller de costura y al salir al otro lado de la calle me encuentro a Sista Mari, a quien también extrañaba ya, charlaremos un poco, el viaje resumido, las anécdotas de la boa y la cámara, la junta de ayer en la noche, en fin. Ella ha tenido otra semanita pesada y se le ve por todos lados, anda también en las últimas de encargos antes de partir para España. Nos despedimos y parto para Menteh.
Llego justo para la actuación donde Leonard y Susan lo hacen increíblemente bien, le seguirá la manualidad de las máscaras. Susan y yo nos quedamos con los pequeñines, que tienen su lado bueno al ser más obedientes, pero la paciencia al recortarles y ayudarles con la goma y nudos es primordial, brotan nuevamente tantas carencias educativas. Al terminar las máscaras, casi hora y media después, bajo a Nazareth Center donde reviso el biodigestor, parece que la presión del gas no es suficiente para el quemador y me estoy quedando de ideas.
Comeré un poco de frutas y vuelvo a Futru, justo pasada la hora de la comida, para tomar una larga siesta. Siento el cuerpo aún bastante cansado y los postulantes se burlan de mi cuando les comento que no entiendo porque estoy tan cansada si el viaje no me pareció pesado y me explican que parezca o no, los viajes en Camerún pesan, y les creo. Se cancela la sesión de Excel por complicaciones de los asistentes, lo cual me viene a la perfección para arreglar los lápices que regalaremos en la clausura y comenzar a escribir cartas de despedida pues este viernes veré por última vez a todos los monitores y el domingo parten también los postulantes. Aún siendo escritos cortos, detrás de las postales de San José de Calasanz o la Virgen María, termino con la muñeca adolorida pero satisfecha de las palabras escritas.
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