viernes, 8 de abril de 2011

Un día en Bafia y una mañana en Bambilí

Viernes 1ro de Abril

Partimos para Bafia, veré a Valery para preparan las sesiones con los jóvenes en Ndop que quieren arrancar un Verano con los niños. En otros años han realizado actividades pero nada de manera formal, me reuniré con ellos cada dos fines de semana. He visitado Ndop dos veces, siempre para devolver a chicas que han huido de casa, eso me da una idea de las situaciones que me encontraré.


Llegamos a Bafia bastante sudaditos y con la nota dura de que no hay internet, creo que Peter entiende mi cara de desaliento, sudada, cansada, aplastada durante horas en un choche para llegar a donde mi esperanza esperaba recibir conexión y nada, me ofrece su USB por el resto de la noche.


Bafia es diferente de Bamenda, no hay nada de alumbrado público, hoy nos iluminan el camino los truenos a la distancia. Les cuento de México, de mí, de mi vida antes de Camerún. Me cuentan de Camerún, de su cultura, nos reímos de los inmensos cambios y diferencias en todo el tema del contacto físico y entienden más la situación de los voluntarios, pareciera que nadie les había explicado lo impactante de tomar de la mano a una mujer que no está acostumbrada a ese contacto, a los pocos días de haber dejado su país, su vida. Al volver me conecto, tardo horas en responder correos y ver fotos de la boda de Maggie.


Sábado 2 de Abril


Duermo poco, para ser precisa 3 horas. Me ha llamado Gaby, con esos ánimos y renovadoras palabras, como si juntara todo su espíritu en una llamada me recuerda de lo que soy capaz y me alienta a seguir. Comienzo a darme cuenta, a reconocer como no lo había hecho, de lo que estoy haciendo, de mi labor, que la mayoría de las veces tacho de aventura o minimizo, por no sentir presión, por no querer alabarme de más, pero hoy por la madrugada, con esa llamada, pienso ¿Por qué no? ¿Por qué no creerme lo que soy? Lo grande de mi esfuerzo, de mi valentía, lo grande de mi corazón y mis buenos motivos. Puede parecerme fácil lo que hago, pero no lo es, que yo sepa manejarlo no disminuye la dificultad de la situación.


Me recuerda lo que el Padre Pepe me ha dicho hace unas semanas, que solo hasta volver entenderé lo que he hecho y probablemente pasarán años, me tomará por sorpresa sentada en la sala de mi casa. Por ahora me lo tomo con calma, no soy una Madre Teresa de Calcuta o un Gandhi, pero hoy me miro al espejo y me digo a mi misma, que soy Andrea Lara, una mujer mexicana, de 23 años, probablemente no cambiando el mundo, pero buscando hacerlo mejor, poco a poco, con pasitos de bebe y granitos de arena que otros continuarán y está ola expansiva será cosechada por alguien más y tal vez, con suerte, alguien recuerde mi sonrisa o mi mirada de esperanza en mis momentos de soledad.


George nos invita a desayunar y paramos en un taller para que revisen el aire de una llanta, es un niño el que realiza la labor. George me explica que hay una ley que prohíbe que los niños menores de 16 años trabajen, pero nadie la cumple, es incontrolable aún. El chiquillo toma la presión de las llantas y pone un poco de aire, pero de ser necesario, el mismo hubiera cambiado las llantas. Me recuerda a los niños que embolsan el mandado en México y viéndolo desde aquí es una realidad no tan cruel, pero aún así inhumana, en ambas partes, en cualquier lado, los niños no deberían trabajar y punto.


En su departamento saboreamos un delicioso omelette que nos prepara su vecina y nos acompaña Idjila, la niñita de ayer, tiene 3 años y ojitos divinos, su piel es más clara que lo normal, su cabello peinado en bolitas y su vestidito con tela y decoraciones de selva. Es inquieta, te habla en inglés, me parpadea los ojos, jugamos a hacernos caritas a través del plato de leche y come muy obedientemente todo su omelette y un poco de pan. Después del desayuno nos despedimos y llora, me resbala una lágrima del ojo mientras partimos.

Conosco los alrededores de Bafia y me enamoro de la ciudad, con sus edificios de más de 200 años, de estilo Alemán, de los tiempos de colonia, algunos abandonados, todos oxidados y despintados, muchos siguen siendo oficinas de gobierno o el correo. Hay pocas calles pavimentadas, pero la mayoría en muy buen estado. Aquí la selva cubre más las calles, se te vienen encima los árboles y el pasto. Aves por todos lados y casas aisladas, se ve poca basura en comparación con otras ciudades.

Visitamos la casa de unos Padres a lado de la Catedral y a unas Hermanas cerca. Nos ofrecen un delicioso jugo de limón natural, fresco, azucarado, que me levantan un poco las energías. El calor húmedo de Bafia es asfixiante, el omelette me ha caído algo pesado por la grasa con la que lo han cocinado y sospecho que no debí beber agua de Bafia como me lo ha dicho el padre Justin un día antes.


Volvemos a casa, sobre el camino trato de mantenerme despierta pero la humedad y el cansancio me ganan y caigo dormida en el asiento trasero, abro los ojos hasta Makenene, donde me espera mi tradicional café, en ese puestecito de la esquina, el reino de las moscas, con el dueño que me reconoce al instante y me dice – ¿se lo preparo como siempre?- y le sonrío –con lechera y una de azúcar- charlamos un rato.


En Bafussam comemos en un restaurante en un segundo piso, tiene buena pinta, loseta, biombos locales y paredes no tan despintadas como otros sitios. Saboreamos un pollo con arroz y papas fritas como acompañamientos. Me despido de Leonard con un gusto inmenso, siempre que lo veo me abraza y me hace sentir como si fueran los brazos de mi papá, además es de los pocos que usan loción aquí y se lo comento a forma de agradecimiento, se ríe y me dice que hay que tratar de oler bien cuando le gusta repartir abrazos. Expide bocanadas de cariño por los ojos, cada que lo veo con niños o sus hermanos de comunidad siempre tiene esos gestos, de inmenso amor al prójimo.


Dos horas después estamos en Bamenda, vengo con escalofríos y sudando. Durante la cena los postulantes me reciben con mucho gusto y en general todos me hacen sentir como en casa, Emilio me dice –Ashia, temíamos que te quedaras en Bafia- le confieso que soy incapaz, físicamente hablando, de durar más de dos días en Bafia.


Domingo 3 de Abril


Hoy hay misa de jóvenes en Bambili, se reúnen las comunidades de jóvenes de Bamenda, Bambui, Bambili y otras dos ciudades que no recuerdo ahora. La misa dura dos horas y es algo pesada pues es bilingüe, por lo que las secciones en francés me pasan de noche. Los cantos y bailes los disfruto mucho, el espíritu de la juventud aquí es increíble, están más despiertos, se les ve alegres y con energía, a pesar de que la mayoría estudia de 6am a 2pm para luego ayudar ya sea en casa, en los sembradíos o en alguna tienda familiar hasta entrada la noche. Ser joven aquí no es sencillo, entre los deberes escolares y los del hogar no entiendo donde les quedan energías, entiendo entonces el promedio de notas tan bajas y veo que no son bajas, representan diferente, aquí se promedia sobre base 20 y la media en secundaria anda alrededor de 13, lo que sería un 6.5 en México, numéricamente hablando, pero en valor de esfuerzo y dedicación es más parecido a un 8.5, mis respetos para estos jóvenes.


Después de la misa Justin y yo vamos a saludar a los Padres Maristas y me encuentro con un cuadro de Marcelino Champagnat, recuerdo mis años en el Instituto Valle, esa escuela de 8 años, de tantas amistades, muchas de ellas aún conmigo, las mejores de aquellos tiempos siguen siendo las mejores hoy también. Tantas experiencias, tantos buenos recuerdos.


Los postulantes pasan el rato en el rally juvenil dentro de la parroquia y volvemos todos juntos a Bamenda cerca de las 2pm, directo a la cocina donde nos espera un pollo frito, arroz y ensalada. Parten a sus cuartos a hacer las maletas y a las 4:30pm, los despido en la puerta como mama de los pollitos, se van a la semana de retiro de silencio en Ndop.


Bajo a saludar a las Calasanzias y quedamos de ir a Mount Calvary el día de mañana, me invitan a cenar. hay plátano frito, sopa de tomate, tapas de chorizo y una papaya, en pocas palabras de PM (poca madre) como dirá Clara. Vemos una película americana, la típica de dramas de preparatoria y me río más que nunca, con la historia, los personajes. Mary comenta que es algo surrealista, le comento que no, Estados Unidos tiene esa facilidad de ser una sociedad irreal.

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