Lunes 4 de Abril
Salimos para mount calvary, a diferencia de la primera vez que lo escalé esta es más ligera, no se siente tanto la altura, creo que mi cuerpo se está acostumbrando. Hacemos 45 minutos para subir. El clima está nublado pero aún con eso el paisaje se aprecia precioso.
Sentadas en la inmensa cruz de hierro dos hermanas Calasanzias y yo hablamos del matrimonio, me preguntan si está en mis planes y les respondo que en teoría sí, pero para la práctica falta tiempo, falta la situación y la persona correcta. Hablamos también de la Iglesia en Guinea Ecuatorial. Me cuentan que hace unos años la Iglesia en áfrica estuvo a punto de permitir que los Sacerdotes se casaran pero al final reflexionaron que si la Iglesia en Europa lograba mantener el voto de castidad ellos debían intentarlo.
Bajamos y estamos en casa justo para la hora de la comida, con Emilio. Los novicios por estar de retiro tienen un horario de comida diferente, el que nos alcanza poco después es Evaristus. Escribo un poco, continuo con la traducción de la película y voy a Comercial Street por algunos pendientes. Cambiar dinero, hablar con Maggie, buscar al chico que me debe el dinero del celular. Sobre Comercial Street me entra una ligera tanda de realidad y me doy cuenta de que es la primera vez que vengo sola y que además soy probablemente la única mujer blanca en esta calle de 1km de largo.
Para que no cunda el pánico me compro una nieve y aprovecho para hablar de una cabina telefónica con Maggie, su alegría y tranquilidad me calman, me cuenta de la boda, de Londres, de su casa. Durante esos minutos me siento en casa, como si a 20 minutos pudiera llegar a verla y una película que incluiría seguramente a Christopher Walken nos acompañaría la tarde y probablemente un vinito al estilo RCD. Cierro los ojos mientras hablo, imagino que el dueño de la tienda cree que estoy en trance, y me permito disfrutar la conversación.
Más tranquila salgo de nuevo a la calle y los olores de basura, plátano y maíz asado, el smog de las motos y taxis, me golpean de nuevo. Tomo el primer taxi libre y vuelvo a casa. Hoy rezo con Mary y Clara, nos sentamos las 3 en silencio, dos hermanas españolas y una joven voluntaria comparten hoy el silencio, en está capilla decorada al estilo africano con palos de bambú recubriendo las paredes y tapetes con figuras de animales, solo Jesús conserva su versión Europea. Solo ellas sabrán en que piensan, yo pido un poquito de calma, de temple en los momentos como esta tarde cuando la realidad me agarra en curva, de paz interna y confianza.
Martes 5 de Abril.
Justin y yo salimos temprano, hoy pasaremos por Ndop y más allá, cerca de Kumbo, a su aldea Vekovi. Los viajes con Justin son de lo más aventureros, nunca se sabe a ciencia cierta a donde te llevará o el tiempo que tardará en ello, hay que prepararse para todo. Olvido el detalle de la preparación ante todo y me pongo mis chanclitas blancas, que más adelante quedarán color barro y mis pies aún peor.
Después de unas 3 horas de camino, donde subimos y bajamos un par de montañas entre hoyos y terracería, llegamos a Vekovi. Si alguna vez se preguntaran donde queda el fin del mundo, este pudiera ser un lugar muy cerca. La entrada a la aldea esta después de recorrer la parte más alta de la montaña, rodeados de nada más que valle y uno que otro caballo.
Al llegar a Vekovi la vegetación cambia un poco y se aprecian árboles de eucalipto y palmas, un par de riachuelos por aquí y por allá. Las calles de terracería son amplias y las casas están bien distribuidas, cada una con su parcela para el cultivo y sus baños al fondo. La distribución de la aldea es curiosamente buena, cerca de la entrada unos locales y la Iglesia, más adelante empieza la zona comercial que termina con un par de bares alrededor de una glorieta. De esa glorieta se desprenden 4 caminos, el 1ero sobre el que veníamos y los otros 3 te envían uno sobre el mismo sentido y los otros dos hacia arriba o hacia debajo de la montaña. Subimos.
En la casa de su primo hay varios hombres ayudando a una construcción y un par de señoras en las casas a los lados, el triple de niños que de adultos. Todos con sus ojitos bien abiertos cuando llegamos, pocos se acercan, tienen miedo, más tarde me pierden el miedo y compartimos una fruta llamada ¨Cola nut¨ o algo así, de sabor amargo a más no poder, de corteza dura como la de un coco que hay que pelar para llegar a otra capa y volver a pelar hasta dar con el centro, rosa fiucha.
Estos niños son más humildes que los que acostumbro a ver en Bamenda, incluso que los de Starlight. De todas sus ropitas no hayas una sin roturas, ya no se diga limpia. Sus bracitos y piernas están cubiertos de tierra y algunas partes con lodo, narices llenas de mocos y dientes incompletos o amarillos. Todo esto lo observo con cuidado de no mirar de más, de no mostrar ante la gente que me impacta lo que veo, de no ofender a nadie.
3 niños tienen las pancitas infladas como globos y con los ombligos hinchados también, me debato entre si serán lombrices o las hernias que les provoca cargar cosas tan pesadas en la cabeza. Justin dice que es de nacimiento, yo no me lo creo.
Sentada en un tronco tomo fotos de los alrededores y de un peculiar camioncito hecho de palos de bambú que empuja un niñito. El diseño es bastante bueno, tiene su cabina y caja, las llantitas son del hule de algunas sandalias ¨Made in China¨ que seguramente se habrán roto, tiene un palo largo como guía y un volante al final de este. Se acerca un niño, se llama Musafat y me pide que le tome una foto, le digo que debe sonreír pero no lo hace, si no se están riendo los niños aquí difícilmente sonríen, le enseño a sonreír jalándome los cachetes pero no funciona, termino haciéndole caras chistosas y logra mostrarme un poco sus pequeños dientes algo picaditos.
Subimos por otro camino a visitar a su Padrino y a su esposa, al cruzar por una calle Justin me dice que tenía 15 años de no pasar por ahí, le siento en el tono algo de melancolía, 15 años me repito mentalmente y pienso cuanto tiempo pasará antes de que recorra estos caminos de nuevo.
A la vuelta me deja conducir, el camino es complicado por los factores naturales de: 1-Ser montaña. 2-no estar pavimentado. 3- ir de bajada. 4-curvas cerradas. 5-vegetación impidiendo visibilidad y 6-carros en cualquier sentido de subida. Pero además está el factor deslumbrante del paisaje, me cuesta concentrarme en el camino cuando alrededor tengo una vista ¨de película¨ le digo a Justin, hasta donde alcanzan mis ojos el límite del horizonte no hay más que montañas y montañas, verde y más verde. Se ven algunos techitos de lámina a la distancia, el cielo azul un poco más despejado y el Sol brillando a tope pues son las 2 de la tarde.
Paso la prueba de conducir y llegamos a Ndop, nos acoge una señora de la Parroquia de Futru y nos ofrece de comer. Me rio ante el platillo, un plato hondo con un caldo aceitoso color rojo, dos pescaditos estilo piraña sumergidos y de acompañamiento Fufú, no hay arroz. Justin voltea a verme y dice ¨Ashia¨ sabe de mi problema con el pescado. Con sus dedos lo toma por la cola, arranca un poco de carne con todo y piel y me lo da. La señora me observa y él también así que no me queda mucho por hacer y me lo como.
Es probablemente la primera vez que así tan naturalmente me como la piel del pescado, lo mismo cuando comienzo a sacarme las espinas de la boca. El Fufú me ayuda a aligerar el sabor, aunque debo reconocer que es menos peor de lo que esperaba, pudiera decir que estuvo ¨bueno¨. La señora se apiada de mí y me prepara un poco de arroz, que termino comiendo como postre ante mi acto de valentía.
Llegamos a la casa de retiro de las Hermanas de la Santa Unión, si tal cual el nombrecito, sobre las 5 y tomamos nuestros respectivos cuartos. el mío de 3x4 metros, donde cabe la cama individual, una pequeña mesita justo con el espacio para una laptop y mi botella de agua, después de una cortina el baño y un pequeño mueble a manera de estante para la ropa. Tomo una ducha a detalle pues sale lodo de hasta mis orejas, mis pies dado que no tengo con que tallarlos se quedan un tono arriba de mi color natural, las uñas ni se diga.
La cena es a las 6:30, bendita comida, hay pescado de nuevo el cual me como ya sin ningún problema. Ensalada, arroz y papas fritas que me renuevan mi índice de carbohidratos. Los postulantes cenan en una mesa en silencio, Justin, dos hermanas, Greg y yo en otra, en silencio también. Pronto empiezo a sentir ese cosquilleo en la garganta, esas ganas de hablar, de no decir probablemente nada importante, solo hablar, decir hola a los postulantes que al verme su cara de sorpresa y su sonrisa me han hecho sentir bienvenida, preguntarle a Greg, un hombre blanco, que hace aquí, decirle a Justin que me pase la sal para las papas, esto termino haciéndolo con señas jajá.
Cuando terminan de cenar los postulantes y salen del comedor podemos hablar. Greg me cuenta que está aquí desde hace 14 años, con familia y todo. El es de Pensilvania, USA. Conoció a su mujer cuando estudiaba en Nueva York, se casaron y al poco tiempo el encontró trabajo en SIL de Sumer Institution Language, que lo envió aquí a Camerún bajo un proyecto que ya tienen en otros 70 países, la traducción de la biblia a lenguas locales. Langsom, Pigin, etc.… Sus hijas nacieron aquí, han vivido en aldeas chicas, en la capital en Yaundé y aquí en Ndop. El próximo año una de ellas parte para la Universidad a Estados Unidos, le pregunto mil cosas, los cómo, los porqués, los cuando. La historia me parece increíble.
Reconoce que la vida de misionero no es fácil, mucho menos para los hijos que deben ir detrás de donde los padres vayan, pero que no se arrepiente y nadie de su familia tampoco. La escuela en Yaundé donde estudiaron sus hijas es una escuela internacional, asisten muchos hijos de misioneros o de funcionarios como embajadores, por lo que confía en que las niñas están bien preparadas para cuando drásticamente cambie su realidad y entren como universitarias a la sociedad americana.
De vuelta a los cuartos voy impactada, además de que el cielo y sus estrellas parecen venirse encima por estos rumbos, se me viene encima la conversación con Greg, el conocer otras realidades, ver que todo aquello que tantas veces he pensado como alocado o imposible.
Miércoles 6 de Marzo
Justin oficia la misa y se va, sus últimas palabras son ¨Ashia, que disfrutes el silencio¨ y así fue. Después del desayuno y dos tazas de café vuelvo al cuarto para trabajar en la computadora, entre PowerPoint, traducciones, diseños y planes se me pasa la mañana. Salgo un poco del cuarto sobre las 11:30 para un break donde el cigarro es mi única compañía y la capilla a 10 metros frente a mi cuarto. Sé que los postulantes andan por los alrededores, en seminario o en lecturas, el silencio es el denominador común entre todos y me sorprende su intensidad, no sé si estaremos muy a las afueras de la ciudad pero es que no se escucha nada, lo más relevante son las hojas de los árboles moviéndose con el viento y una que otra conversación a lo lejos de los vecinos de los alrededores.
Durante la comida la paso en grande platicando con mi conciencia. Los postulantes comen en silencio pero juntos, yo en otra mesa, con una ensalada de Col y plátano frito como compañía. Salgo a hacer investigación de campo, visito al Párroco y me cuenta de los jóvenes con los que trabajaré y como han sido las experiencias pasadas con los niños y los cursos de verano. Me comenta que algunos días los llevan de paso a la Iglesia presbiteriana al fondo de la calle y me da las instrucciones para visitarla, con todo y que el sol está en su punto más alto, y yo tan inteligentemente he traído una blusa negra, aprovecho para caminar hasta la Iglesia Presbiteriana.
Hay que recorrer una larga calle que cruza desde el convento, la Iglesia, pasando por el ministerio de Justicia, una asociación contra la violencia de la mujer, una papelería y unas 50 casitas de lo más humildes, para llegar a la calle principal. El fondo del paisaje es la montaña que le ha dado el nombre de Ndop a la ciudad, tiene un pico muy curioso en la parte más alta y el aire está tan claro que pareciera que estirando la mano la alcanzas.
Sobre main Street hay más gente, motos y ruido. Encuentro la Iglesia fácilmente pues se encuentra justo enfrente de la comandancia de policía. La señora en la oficina de la parroquia me da un recorrido, tomo un par de fotos y decido volver. Más adelante me encuentro un centro de computación con Internet, entro y pago por media hora que se me va en leer 4 correos, responder 2 y actualizar mi estatus en FB, maldita velocidad me vuelve loca.
Hay personas a mi alrededor pero nadie se acerca, se sienten las miradas, pero nadie me habla, antes de salir de casa he tomado mi mascada de tonos rosas que tengo desde Barcelona y la llevo sobre la cabeza como musulmana cubriéndome hombros, cuello y la frente, principalmente porque el día de ayer me ha dado tanto el sol en la cara que tengo los cachetes quemados, me arden un poco, el cuello y hombros ni se diga, ya no son color nutella ya están acercándose a color choco crispí jajá. Me pregunto si es eso lo que los mantiene a línea, por lo que he visto en otras aldeas las mujeres musulmanas andan siempre solas o de a dos y nadie se les acerca sobre la calle o les habla, a diferencia de otras mujeres.
Vuelvo a la casa de retiro sin problema, un par de niñas se han animado a saludarme y una moto me ofrece llevarme pero rechazo la oferta. Al llegar tomo una taza de café al cuarto y me lleno de información de biodigestor, repaso diseño, memoria, todo y comienzo un mini panfleto de guía que me ha pedido Romeo. Escucho la canción de Brindis de Thalía y me levanta mucho el ánimo. En un parpadeo pasa Emma por la puerta de la sala común y me indica con la cabeza que empiezan las oraciones. Durante las peticiones le robo la línea a un postulante y leo la frase: Lord me ask you for all those who have left everything to follow you, strengthen them in the pursuit of their mission.
Para cenar hay puré de papa, el primero que como en este 2011 y creo que mi sonrisa no cabe en la mesa, Greg me pregunta si me gusta y mi sonrisa le responde. Platicando con la hermana sobre mis planes los próximos meses de venir a formar a los jóvenes de Ndop me invita a quedarme con ellas o al menos pasar a comer esos días.
Volver al cuarto de noche es más difícil que por la tarde, ya no me pesa el silencio, solo el espacio, no es que necesite mucho espacio para trabajar en la computadora, pero no me gusta estirar los brazos y tocar las dos paredes al mismo tiempo jajá. He traído un termo con café que me mantendrá despierta y funcional hasta terminar la guía que he comenzado en la tarde, Microsoft Word es mi mayor enemigo, me siento tonta pero la tecnología me está ganando, ¿o será que a las 12am mi capacidad cerebral disminuye? La rana vuelve y como no estoy dispuesta a buscarla y matarla me pongo mis tapones y a dormir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario