sábado, 23 de abril de 2011

Regresando de vacaciones

Martes 19 de abril

Durante el desayuno me han roto un poco el corazón, un chico que conocí el año pasado, se casa en Julio. Me sentí dolida, era algo que eventualmente pasaría pero igual no esperaba, se me murió una fantasía, un anhelo, uno más de esos terrenitos mentales y emocionales que tenía guardados en mi, reservados para momentos de pánico, la idea de él era algo posible, algo alcanzable, creíble, tangible, hasta hoy en el desayuno.

Así pasé la mañana, pensando en amores pasados, en lo que me depara el futuro, en todo lo que estoy viviendo sola y me gustaría vivir en pareja, cual Paula y Borja, pero bien dice la Kathy, Dios sabe porque hace las cosas, todo a su tiempo.

Justin sale a visitar a unos amigos, mientras yo nado un poco, leo y escucho música mientras tomo el sol en la alberca del hotel. Mientras Justin trabaja en la computadora y más tarde reviso correos y FB. Tomando el sol en la alberca me pregunto una y mil cosas sobre mi vida, mi forma de ser, hoy no me encuentro, me siento algo perdida en un hotel que pareciera de 4 estrellas en México, en un país donde a 10 metros me encuentro hambre y calles sin pavimentar, ironías de la vida, ironías de experiencias y yo me siento algo irónica hoy.

Después de comer un delicioso bistec similar a la arrachera, acompañado con papas en rodajas y fritas, partimos para la playa. A una media hora del hotel nos recibe la playa SEMME, donde por 1,500 FCA te permiten entrar a un mini hotel Resort con comodidades de primer mundo, palmeras, sillas plegables, columpios, cancha de voleibol, cancha de tenis y un bar restaurante.

Antes de llegar a la playa hay que pasar por un puente, por debajo pasa un río, hay un par de canoas de colores y niños remando en ellas. A primera vista veo bastantes blancos, al acercarme más escucho un poco los acentos, la mayoría Francés y uno que otro Americano. Dejamos las cosas sobre una silla y al agua se ha dicho. La siguiente media hora la paso jugando en las olas, recuerdo todas esas veces en que mi papá me enseño a tomar las olas de frente o por debajo y me doy cuenta que pareciendo fácil es una enseñanza de la que no todos gozan, Justin ha salido del mar casi inmediatamente, el oleaje está algo fuerte por lo que no me separo mucho de la orilla, unos metros adelante se encuentra un americano enseñando a su hija el mismo procedimiento y vuelvo a pensar en papá.

El agua del Atlántico es una delicia, temperatura perfecta, templada, y aunque el día está nublado se siente el calor del sol, corre una brisa ligera, en fin, perfecta simplemente. La arena de la playa es oscura y hay muchas piedritas oscuras también, por lo que el mar se ve más oscuro de lo normal, da risa pero soy un puntito blanco aún en el mar.

Más tarde volvemos al Hotel para tomar una ducha rápida y salir a conocer las calles de Limbe. Veo más glorietas, calles pavimentadas y con las líneas blancas pintadas, cruces de cebra que además utiliza la gente, semáforos y estacionamientos. Paramos en un bar que tiene un molino iluminado con foquitos que al fin no son de navidad.

Poco a poco voy entendiendo más la mentalidad de las parejas aquí, la gente ama diferente, los abrazos, besos y caricias quedan por detrás, los noviazgos no van al parque o por una nieve, tampoco se hablan por celular un par de veces al día, la vida es diferente, no pueden permitirse ese lujo tampoco.

Justin se burla del amor al estilo ¨Western¨, yo le digo que ese me gusta y además considero el correcto ¿pero quién tiene la razón? ¿Quién decide cual es la forma correcta de amar? Si el amor no fuera un concepto tan amplio como lo es, no veríamos casos de europeas casándose con cameruneses o con lancheros en Cancún.

Pasamos a conocer otro bar donde lo más sensacional, aparte de los foquitos navideños y sillones de cuerhule, son un par de chicos cantando con playback, vestidos a lo que vendría ser un estilo fashionista, lentes, levis ajustados, cinturones, camisas entalladas y peinados extravagantes. Las canciones son en francés por lo que me entero poco.


Miércoles 20 de Abril

Desayunamos temprano con las hermanas de la congregación Sta. Anna y volvemos a Bamenda. El trayecto de 9 horas es insoportable a ratos, siento el calor más denso y llevo además los últimos días sudando las 24 horas, incluso en la noche, pues aunque el cuarto tiene aire acondicionado resulta que cuando se va la luz se apaga y al volver se debe encender manualmente, pero estando dormida ni me entero.

Pasamos por los pueblitos que recorrimos de ida. Tiko, Santchou, Mbanga, Matazem, Manjo y Dschang. Esta vez paramos a “comer” en Matazem, compro un par de yogurths y un jugo de naranja, no sé porque pero el lugar está mucho más sucio que Makenene, que queda de ida a Bafia, por lo que no me arriesgo ni con la fruta ni la carne.

Al igual que la ida, en el regreso nos detienen en un punto re revisión y piden mi pasaporte, revisan el visado y sin ningún problema nos dejan ir. Al llegar a Bamenda Susane está en mi puerta con una de sus hermanas, ha venido a visitar. Me cuenta que su hermana esta en el hospital por tifoidea, le platico que yo tuve un poco hace unas semanas, su madre viene esta noche para cuidar a la hermana pues ella y las demás están estudiando para los exámenes, más tarde las acompaño a la calle para que tomen un taxi y quedamos en vernos pronto.

Cuando subo a casa están Emilio y Justin platicando del Capítulo en España, quienes han quedado en que puestos, nuevos proyectos y responsabilidades. Me impresiona la estructura de la congregación, como en otras instituciones, solo que aquí son Padres y laicos, trabajando en conjunto.

Jueves 21 de Abril

Me siento la mañana trabajar en el biodigestor y me invaden dudas de fórmulas, conversiones y unidades que no puedo resolver sin internet, sin libros de ingeniería a la mano, sin pensar en llamar a Paula, al final llego a unos resultados pero la extraña cifra obtenida me indica que algo no anda bien, mi certificado de estudios superiores en Ingeniería hoy se ha quedado algo corto.

Hoy es jueves Santo y me siento más en contacto con Dios que nunca, si no fuera así ¿Por qué sigo aquí? El panorama no está sencillo, los jóvenes quieren aprender pero la vida les ha enseñado poco sobre ello, entre la escuela y las labores en casa, sin computadora ni dinero para materiales, todo se complica, los niños ocupan más amor y la gente de aquí no tiene el tiempo ni las ganas de darlo, las parejas necesitan del trato amoroso, de las caricias y aquí lo ven como una cursilería inventada por Hollywood.

Después de comer quedo con Emilio de ir a Mandah con él para el lavatorio, comienza a llover y para las 3pm que estamos en Mandah el cielo es gris, el viento fuerte y la lluvia aumentando. La misa me reconforta mucho, es como un mini retiro, mi banca está casi vacía a comparación de otras en la Iglesia, solo hay un par de niños a mi derecha y un señor a mi izquierda que no se atreve a verme a los ojos mientras me da la señal de la Paz. No es la primera vez que ocurre, incluso un par de veces eh sostenido un poco más la mano de la persona, para invitarlos a verme a la cara, que me den la paz de frente, no de protocolo.

Emilio lava los pies de 12 personas, con su característica prisa, los acólitos tratan de seguirle el paso con el agua y la toalla. Una señora mete ambos pies en la cubeta y salpica un poco a Emilio, considerando que la señora mide el doble que él y probablemente pesa el triple imagino a Emilio algo intimidado, pero el cual pájaro en el aire lava ambos pies y sigue con los demás. Hay unos niñitos contentísimos, no sé de qué se estarán riendo pero la alegría los invade viendo como Emilio lava los pies de los demás y cuando lava los de ellos.

Me alegra ver a David a la salida, Patrick de los jóvenes está también y pronto les comento los planes de que trabajen juntos, de todo lo que viene para el verano de Futru que tendrán que dirigir ellos, sin voluntarios españoles y sin mí, pues yo me enfocaré más en Nebung y Menthe, los que pensamos inaugurar este año.

David me invita a rezar un poco, hoy hasta las 11 de la noche diferentes quaters se turnan para cuidar al santísimo. Mientras Emilio confiesa un par de niños decido acompañar a David, hasta que el celular suena. Justo en ese instante donde comenzaba a entrarme una ansiedad por mi gente, la lluvia ha caído tan fuerte durante la misa que me altera los nervios, tengo que trabajar mentalmente en eso, en quitarme de la cabeza que la lluvia representa nostalgia o me voy a volver loca.

Al teléfono están mis amigas en Newell B2B, reímos a carcajadas, con mis historias, con mi risa nerviosa que espero no noten del todo, esas risas que están a punto de un llanto, porque traigo un torbellino de emociones indescriptible, mesclas de esperanza, desesperanza, fortaleza, debilidad, abandono, ansias por seguir aquí, ansias por gritarles a uno que otro lo que pasa por mi mente cuando estoy cansada y mis filtros de respeto a otras realidades y tradiciones se cae.

Gracias a Dios la llamada me salva, me recuerda que mi mundo sigue ahí, intacto, sano, tal como lo conozco, con leyes que aún se respetan y con tanto de mí para dar ahí también. Pero me mantengo firme, cuando la vocación no me alcanza, cuando se me opaca el cariño por la causa, cuando la lluvia me susurra pensamientos de tristeza y abandono, me tomo el papel de profesional, hay que trabajar, terminar y volver.

Le cuento a las chicas del puerquito, ese globo rosa que surgió de una dinámica y que ahora se ha vuelto mi mascota, tal como Tom Hanks tuvo a Wilson en la película del Náufrago, yo tengo al ¨puerquito¨, un globo rosa con la cara y cuerpo de un puerquito pintado con marcador. El puerquito me da los buenos días y las buenas noches, al puerquito le grito cuando estoy molesta y le canto cuando ando alegre, el puerquito toma la palabra y me habla en representación de mi consciencia, el puerquito me mantiene cuerda, es más digerible mentalmente hablarle al puerquito que hablarme a mí misma, o a la pared.

Vuelvo a casa con Emilio, cenamos y subo a tomar internet. Me encuentro a papá y más tarde a mamá también, Tony está en la casa con ella. Después de hablar con ellos trabajo en la búsqueda de dinámicas para jóvenes, el manual que quiero preparar, pues aunque hay material similar de otros voluntarios españoles que han venido antes, no está ni organizado, ni accesible, ni en ingles, con todo respeto a esos voluntarios pero ¿qué caso tiene dejar dinámicas en español aquí?

Viernes 22 de Abril

He quedado con las Calasanzias de ir con ellas al viacrucis, partimos de casa a la 1:15pm. Otras comunidades vienen de un poco más atrás, la última estación la rezaremos juntos en el cementerio de Futro, pero Menthe y otras dos comunidades se reúnen en Mandah.

Llegamos a Mile 6 y nos unimos al grupo. Vamos hasta atrás de unas 50 personas y no alcanzo a escuchar lo que dicen en cada estación, no conozco tampoco las respuestas, ni las oraciones, pero el libro de cantos no falla, todo el trayecto lo comparto con una de las postulantes Calasanzias que además de tener buen oído para detectar los cantos, tiene una voz divina. Me descubro cantando a pulmón durante todo el trayecto, cantar hoy me salva, me distrae del calor, de los taxis que pasan a altas velocidades sin ninguna consideración por los que transitamos la calle siguiendo la pasión de Cristo. El viacrucis dura una hora y media.

-Hoy no hay misa- me ha dicho Emilio durante la comida, solo adoración y comunión de las ostias consagradas y acompañadas por la gente el día de ayer. Lo que no me dice es que igual pasaré 2 horas y media sentada en la Iglesia pues todo termina a las 5pm. Para mi fortuna están las niñas de las Calasanzias y Delfín se sienta en mi regazo, entre los cantos y sentirla jugando con mis manos, se me aligera todo. Más tarde se queda dormida y la cuido en mi regazo.

El calor es insoportable y la pobre empieza a sudar, intento abanicar un poco de aire que creo que ayuda pues su respiración se calma. Delfín tiene 5 años y ya debe pesar unos 15 kilos si no es que un poco más, aunque es bajita de estatura está algo llenita, aunque mis piernas me duelan y los brazos se me cansen al sostenerla me llena tenerla entre mis brazos mientras canto junto con las 300 personas que estamos hoy reunidas, pensando en lo que Jesucristo sufrió por nosotros, y descubro que mi dolor físico hoy queda muy por detrás, hasta lo olvido.

Cuando nos llega el turno de pasar a adorar la cruz beso los pies de Jesús, como tenía años sin hacerlo, hoy le entrego todo mi cariño, todo mi amor y agradecimiento, por mi persona, por la familia y los amigos, por la bendición de vida que me ha dado, no tengo nada que no sea amor para él, mi cansancio mental de estos días y el físico de esta tarde son cosas que puedo manejar, que acepto como parte de la cruz que tenemos que cargar buscando el bien del prójimo, la mejora de este mundo. Hoy entiendo más a Jesús, lo siento, lo veo, lo palpo y lo vivo, en cada poro de mi ser vive su mensaje.

Volviendo a mi lugar veo a la Virgen María aún cubierta con la tela morada y se me atora el corazón, me ataca el pensamiento de que el sufrimiento de ella sigue siendo inimaginable para mí y espero siempre lo sea. No concibo ver morir a un hijo algún día. Pido por todas esas madres que han vivido el calvario que ella vive hoy.

Al salir escucho a lo lejos un poco de español, son 3 chicas de Guinea Ecuatorial que han venido por confesión pues saben que aquí hay un Padre que habla español, charlamos un poco en la banquita de afuera. Me cuentan de Guinea, de lo diferente que es, sobre todo en mentalidad. Las chicas visten diferente, levis mas entallados y una con falda corta incluso, más estilo Europeo, llevan aretes, collares y las uñas pintadas, me cuentan que en Guinea han adoptado mucho el estilo de vestimenta Español, que ya es raro ver algún traje tradicional y ahora que están aquí en Camerún les ha costado trabajo adaptarse, no pueden vestirse igual, pues la gente las ve raro, las mujeres mayores se escandalizan y los hombres les gritan cuando pasan por la calle, una de ellas me dice –bueno tu lo has de saber mejor, por ser blanca- y coincido.

Una de las chicas me presta sus tacones y camino un poco sobre ellos, que gusto, es como comerse un raspado en pleno verano en Mexicali, o ir por un masaje después de una semana de estrés, es una delicia. Se ríen cuando ven lo mucho que los disfruto y dicen que lo entienden también, como aquí no hay tanta pavimentación no usan tanto los tacones como en Guinea. Una de ellas ha vivido también en Madrid y dice que extraña salir con amigos por un café en la plaza Mayor, mis recuerdos me transportan a esa plaza que casualmente conocí sola, un viaje de fin de semana, aquella vez tenía años sin estar en silencio y recuerdo que el trayecto se me hizo insoportable, pero la ciudad lo compensó todo, hoy en este mes de Abril, el trayecto a solas está difícil, pero la experiencia con la gente como estas charlas lo compensa.

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