domingo, 27 de febrero de 2011

Hospital St.Mary

Sábado 26 de febrero

Hoy el Tony cumple 20 años, esperare a que sean sus 12 para llamarle. Pasa la oración y la misa sin nuestra presencia, bajamos a desayunar. Paula y Borja están ahí, la luz no, por lo que improvisamos y tostamos el pan en la estufa.

A las 8:30 partimos para el hospital de St. Mary del otro lado de la ciudad, donde Borja está ayudando de médico, el único que hay por cierto. El hospital lo dirigen las hermanas, quienes la hacen de enfermeras y anestesiólogas, con los conocimientos adquiridos en cada visita de médicos voluntarios. Hay más enfermeras y un enfermero que la hace de doctor el resto del tiempo cuando no hay voluntarios, Albert.

Llegamos y mi primera impresión es que el edificio es mucho más lindo de lo que esperaba, con estructura española, de pasillos amplios, paredes limpias, techos y rejas con formas agradables. Me recuerda al hospital de Sant Pau en Barcelona. Conocemos a la hermana Margarita que nos da un recorrido por el hospital. Su hábito azul claro y blanco contrastan con el color de la gente alrededor, su acento español sobre el español mexicano de nacimiento me recuerdan un poco a casa, su tez es blanca y habla con fluidez.

Recorremos el laboratorio, con las pocas máquinas de análisis sanguíneo, entre otras, contenedores y tubos en canastas sobre repisas de cemento, muestras de sangre por aquí y por allá. Conocemos el almacén de medicinas del día a día, curioso, no hay tanto medicamento para malaria como esperaba ver. Las salas de consulta general y electro. Cambiamos de edificio a uno en la parte de atrás donde se encuentra un salón más privado, la Hermana Margarita nos cuenta que la privacidad es pensada para dar a los pacientes la noticia de un resultado positivo en un análisis del VIH. En el hospital general de Bamenda la zona de VIH esta apartada, aislada, de manera que la gente de los alrededores puede notar a simple vista quienes pasan por ahí, generando una vergüenza y exposición pública a los pacientes quienes además de estar contagiados deben sufrir con el rechazo y el juicio de la sociedad.

En el 2ndo piso se encuentra la sala de maternidad, entramos a lo que la hermana cree es un parto para encontrarnos con que es un aborto, el aire se densa inmediatamente y me acoge un sentimiento de tristeza profundo, doloroso. La chica que se encuentra recostada sobre la cama de exploración voltea a vernos y su mirada expresa más indiferencia que dolor o molestia, pero ambos sentimientos golpean mis entrañas, ese centro natural que toda mujer tiene, respecto a la maternidad, estamos unidas nos reconocemos iguales. Salimos del cuarto con las caras pálidas y los corazones apachurrados.

Entramos a una sala llena de camas, con olores de medicina, sudor humano, comida y falta de higiene mesclados. Paramos a ver a un paciente que había llegado hace un par de días con unos ataques de epilepsia, la gente aquí los cree poseídos, una enfermedad de espíritus, entre Borja, la hermana y Albert le han calmado los ataques con sedantes, pero alguien el día de hoy se ha excedido en la dosis. Lo encontramos despierto pero inconsciente, ido, en otro mundo paralelo en su mente, la hermana le habla pero no hay respuesta.

Recorremos el convento, los cuartos, comedor, cocina, patio, capilla, similar a algunos que vi en España, con su patio central, su kiosco y jardineras, esa paz característica de los conventos. Entramos al comedor donde la hermana nos ofrece unas galletas y un café, nos relata un poco de su vida, como decidió volverse Religiosa a los 15 aunque realmente hasta los 16 años entro. A los 19 la enviaron a ella y a las 6 otras chicas de ese año de formación a España para continuar su formación, su padre que en un principio estaba en desacuerdo de que siguiera el camino religioso terminó visitándola ese año en España y dos años después para su profesión. Hoy lleva ya 8 años aquí en Camerún, trabajando en el hospital.

Borja llega al break del café y nos relata que acaba de darle la noticia a una niña de 10 años que tiene el virus del VIH, está bastante conmocionado, no puedo evitar sentirme como él, habíamos visto entrar a la niña hacia una hora, con sus ropitas sucias y la carita bastante descompuesta. Nos consterna la idea de no saber cómo lo contrajo, pues la madre no lo tiene y que el hecho de saberlo, tampoco cambiaria mucho la situación.

Esperamos al chofer que nos llevara a Futru de paso cuando vayan a recoger a otra hermana en un convento donde está tomando un seminario. Al llegar al convento la madre superiora está muy molesta por la tardanza, a la hermana Margarita esto parece importarle poco he igual nos da un recorrido por el patio del convento, un tanto bizarro verla corriendo con su hábito por el pasto más verde que he visto en todo este tiempo. Llegamos a una mini plaza al centro del jardín con un Jesús crucificado y un par de estatuillas de personas a su lado, flores y bancas de concreto.

De vuelta a Futru terminamos bajando del coche pues falta recoger a otra hermana y el espacio no es suficiente, primero baja Borja ante la sugerencia de la hermana Margarita de que tome un taxi, Paula lo acompaña por solidaridad y Claudia y yo terminamos bajando cuando nos sugieren que es mejor que todos vayamos juntos de una vez. Caminamos unos minutos hasta tomar un taxi que nos llevará a Menthe, nos esperan desde las 11am para una boda.

Cuando llegamos gracias a Dios la misa de 3 horas está terminando y la gente tomando su lugar en las tradicionales sillas bajo carpas. Comienza el espectáculo de entrada de los novios y su séquito, con danzas y música local, luego un par de discursos, la presentación de un semi cantante que realiza lo que vendría a ser una tanda del dólar pero en versión masculina y pirata.

Durante la celebración anuncian que hay más invitados de los esperados, por lo que asumimos no habrá comida para todos, deriva en la decisión de marchar a casa y hacernos de comer ahí. La tortilla española pensada no procede por no encontrar la llave para la alacena que contiene las papas, el omelete que sugiero yo también fracasa por el inmenso sartén sin teflón con que contamos, por lo que terminamos comiendo piña cortada por Clau, pan tostado por Paula, el huevo revuelto con tomate, pimiento y cebolla que Borja y yo ingeniamos.

Derek llega a casa y acordamos el plan para ir a visitar el lago Bamili el día de mañana, con un recorrido de 5 horas a pie para llegar a él, con la opción de acortar un poco el tiempo en moto, pinta bastante bien, hasta que en la cena el Padre Emilio nos recuerda que el día de mañana habrá una única misa en una comunidad aquí cerca donde tradicionalmente se visita al menos una vez al año para fortalecer las relaciones entre las comunidades y terminamos cediendo ante los planes eclesiásticos, dejando de lado el traje de baño mental que ya nos habíamos puesto.

Subo al cuarto de tele a ver un partido del Barcelona. Padre Justin aparece y entablamos una plática bastante enriquecedora, me causa risa pasar la noche de un sábado platicando de la vida en general y sus cambios con un Padre Escolapio.

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