miércoles, 24 de agosto de 2011

Y sigue...

Viernes 19

Meri vuelve a casa y decidimos pasar por la dolce Vita,la nevería, aun con mi dolor de garganta, Felicien aparece justo a tiempo y lo convencemos de acompañarnos y para sorpresa de la noche, de camino nos encontramos a Julia, la doctora, yendo rumbo a casa.

El rato en la Dolce vita se pasa pronto, Meri y yo decidimos ir andando a una panadería cerca cuando de camino me atacan los primeros nervios de partida, de incertidumbre, de que algo salga mal. Al volver afortunadamente Justin ya está en la nevería y volvemos a casa, con un tráfico de esos de medio día, justo para alcanzar a cenar rápidamente y comenzar la despedida final.

Hoy están también de kumbu Evaristus, George y los novicios. Felicien me sorprende con una botella de vino para un ultimo brindis y comparto ademas de unas palabras, el vino con los presentes. Maletas al coche, despedidas finales y vámonos, empiezo a sentir las lagrimitas de despedida y el dolorcito de añoranza al decirle adiós a Felicien. En el carro hago las últimas llamadas de despedida, las Calasancias, postulantes, mis amigos… oohh Dios, comienza a caerme el 20 de que me voy, madre mía la de revoltijos emocionales!

Al llegar al aeropuerto me doy cuenta de que soy otra persona a la que llegó, más allá del cambio físico, totalmente la versión interna de mi, pero perfeccionada, observo la gente que me rodea, tantos colores, tantos estilos y por primera vez, me siento integrada, no me siento fuera de lugar, vaya buen momento, ya que me voy, con la música, el ruido, el caos, todo tan usual.

Las maletas dan el peso a duras penas, la más grande de 20 kilos y la chica de 23.8 jajaja, pero me disculpan esos 800 gramos, la documentación pasa sin mayores contratiempos salvo una doble revisión a mi visa americana, imagino que no se ven muchas de ese tipo por aquí. Nos tomamos las últimas fotos de despedida, el último discurso, de inmenso agradecimiento a Justin, por todo su apoyo durante esos meses y es hora de partir.

Justo antes de subir a la sala de espera me dan el primer retorno, no he pagado los 10,000 francos que se pagan al salir del país jeje, encuentro la oficina sin problema, pago, y vuelvo a intentar salir. El siguiente tropiezo es cuando revisan mi visa y notan que esta vencida, todas esas veces que escuche “no pasa nada, si ya vas de salida” jajá pues si pasa! El oficial quiere que pague el permiso de residencia, cosa irrazonable también si ya voy de salida pero bueno, termino en una oficina con un par de oficiales de esos de primer rango, llenos de plaquitas de cargos en sus sacos de colores y con sus gorritos militares, y comienzan con las preguntas de inspección, donde estaba, que hacía, porque estaba vencida, y parece que al final la causa los ha convencido jeje y me dejan libre, gracias dios! Hoy no estoy para contratiempos jeje.

En la sala de espera comienza el frio que me acompañara todo el viaje y aumenta el dolor de garganta haciendo que me plantee si realmente sobreviviré a puro paracetamol el viajecito de 30 horas que me espera por delante. Al muy estilo particular Camerunés, el vuelo se retrasa más de media hora y ya en mi mente queda claro que perderé algún vuelo, por más que un hombre de la embajada Rusa que he conocido en la fila me comenté en su español bastante bien pronunciado que no entre en pánico, es algo tarde jeje.

Por fin abordamos y justo después de despegar caigo dormida, voy muerta, de las ultimas prisas, estrés, nervios, que se yo. Aunque he pensado en platicar con mi vecino, el también tiene a Morfeo en sus prioridades. Abro los ojos solo para comer, volver a dormir, despertar, decidir dormir de nuevo por el dolor de garganta, despertar, pedir una manta pues me congelo y volver a dormir, cuando de pronto las primeras 7 horas de vuelo se han terminado y la ciudad de Bruselas me recibe con un solecito mañanero delicioso y la nota de que tengo una hora para abordar el siguiente vuelo jeje.

Sábado 20

Cuando creía que no llegaría a tiempo para abordar me entero que también han retrasado el siguiente vuelo, los mismos 40 minutos que el de Camerún ha llegado tarde, por un lado me concede 10 minutos más para alcanzar a llegar a la sala, pero por otro no creo que el resto de mis vuelos pendientes se ajusten de semejante manera, mucho menos cuando me entero que ingenuamente, yo creía que volaba Bruselas-Houston y por no leer los desgloses de los vuelos, tengo una parada en New York, oh Dios, 4 vuelos en lugar de 3, el tiempo no será suficiente ni de chiste.

Esperando abordar platico con Sergio, un haitiano que tiene una vida viviendo en USA y es maestro de química en una preparatoria en New jersey, a dato interesante es de raza negra, y terminamos platicando desde la crisis de consumo americana, los estudiantes y su desastroso comportamiento jajá, Haití y su familia después del terremoto, el porqué estudio ingeniería química y renuncio a la industria para ser maestro y finalmente me pregunta de donde el vestido y las trencitas jajá, abriendo mas tema de conversación para la otra media hora que debemos esperar.

Al despedirnos antes de abordar, pues su asiento queda algo retirado del mío, noto un poco de añoranza en sus ojos y su frase de “ojalá todos pudiésemos seguir lo que queremos como tú has hecho, en lugar de hacer lo que debemos por este sistema” me dejan algo pasmada, tenía rato sin sentir realmente la dureza de una vida vivida por obligación.

Abordamos al avión y le planteo seriamente a Dios si acaso todas las aerolíneas tienen un complot climático contra mí el día de hoy y después de casi llorar del frio y del dolor de garganta, logro dormir. Al despertar un burrito americano me ofrece la primer tortilla en meses, no será la mejor del mundo, pero es perfecta jeje y con la pancita satisfecha me siento mucho mejor por lo que intento comenzar una conversación con la que será mi vecina por las 6 horas restantes de vuelo pero inmediatamente la situación tecnológica de que cada asiento tenga su propia pantallita de TV y auriculares me recuerda la intensa dedicación de esta sociedad empeñada a anular cualquier posibilidad de conexión entre las personas.

Mi vecina pasará el vuelo entero viendo películas y yo no tendré opción más que ver un par, leer el libro que me ha regalado Marta y volver a dormir a ratos. Llega la hora de la comida y la lasaña me recuerda el delicioso sabor del queso derretido, también me recuerda que si está muy caliente te quemas la lengua jajá, el platito tiene también un panecito y una barra de mantequilla, que no saben ni cerca de bien como mi panecito mañanero en Bamenda.

El altavoz anuncia el descenso a New York y al aterrizar, justo 12:45 me doy cuenta de que estoy a una hora del siguiente vuelo, esto será interesante. Corro literalmente a aduanas y olvido llenar el formulario, me detengo por uno, he perdido mi pluma, consigo una, lo lleno y pido ayuda desesperada a un oficial para que me permita saltar a los más de 150 recién llegados de otros vuelos y aunque no le parece del todo mi petición y su respuesta de “Señorita no es usted la única con prisa” me duelen en mi esperanza de alcanzar el vuelo, mi respuesta de “si lo sé, pero a que soy la primera que le pide ayuda?” lo convencen y me adelanta hasta pasar directamente a una de las casetas de verificación.

El oficial en turno se ríe cuando me ve ansiosa por entrar y le explico que tengo 40 minutos para abordar el vuelo, me responde que lo perderé pues aun me falta recoger las maletas. “Las maletas!!!!” piensa mi mente, y antes de ponerme a llorar de la histeria le pido que se apure por amor de Dios con las preguntas típicas y me deje pasar. En cualquier otra situación me hubiesen mandado directico a 2da revisión por impertinente, pero creo que mis trencitas y el vestido tradicional le causan risa y sella mi entrada sin pregunta alguna, hasta me desea suerte con un grito pues ya voy corriendo a la zona de las maletas.

Al llegar ya hay un par de maletas en la banda, pero no las mías, pasan 15 minutos y nada. Le pregunto a un encargado cerca si es posible que abandone mis maletas y cuál sería la seriedad del asunto, pues no las veo salir y me quedan 15 minutos para que el vuelo despegue. Nuevamente me repite “no llegarás al vuelo y en teoría es ilegal abandonar las maletas” le planteo que si las maletas no aparecen en la banda no es abandono de mi parte, ellas decidieron no llegar a tiempo jajá y se ríe y me responde un “ bueno, si así lo plantea, usted que escoge ¿maletas o vuelo?” y mi respuesta es salir corriendo a la última sección de revisión.

Al llegar me encuentro con la 1:30 en mi reloj y una fila de unas 50 personas, poniendo delicadamente sus zapatos y bolsas en la banda, mi cerebro está decidido a llegar a esa puerta de embarque, solo necesito de…. Aja! Una oficial de la aerolínea en la que viajo. Me acerco a la mujer y le ruego, casi lloro, que me adelante en la fila, que el vuelo parte en 10 minutos. Se me queda viendo y antes de que hable le digo “ si ya sé que me va a decir, que no voy a llegar, pero mire, es usted la 3er persona en decirlo y aquí estoy jeje”

La mujer se ríe y me dice que la siga, me adelanta por una lateral de las bandas y cuando me indica por donde puedo pasar corro, me quito los zapatos, los aviento a la banda con todo y bolsa, cruzo el detector de metales, no suena, tomo mis zapatos y corro, mientras a mis espaldas un joven inspector grita al estilo speedy Gonzales “arriba arriba arriba” jajaja, en otro momento me pararía a reclamar el racismo, pero hoy no jaja.

Sobre el pasillo de las salas de espera la escena creo no puede ser mas cómica, voy corriendo con mi vestido tradicional, mis trenzas, bolsa y back pack, la gente me ve y ríe, creo que si me quito los zapatos para correr más rápido será demasiado para todos y me temo me arresten por loca jajá. A 10 metros de la puerta de abordar escucho que gritan “última llamada para el vuelo….” Y empiezo a gritar desde lejos “wait! Wait!” mientras por dentro siento como se me desgarra la garganta del dolor. Afortunadamente me escuchan y abren las puertas y sin saber exactamente como, pero sospecho de ayuda divina, estoy sentada en mi lugar A19, empapada en sudor, con un dolor inmenso de garganta, un par de lagrimitas pero contenta de saber que al menos este vuelo, no impedirá que llegue a mi Mexicali jeje.

En este vuelo mi vecino es más interesante, es un piloto que imagino regresa a casa o que se yo, y se me ocurren un y mil temas de conversación sobre viajes con él, pero creo que a él solo se le ocurre lo evidente, que su nueva vecina es la que ha hecho que el avión salga un poco más tarde, que ha llegado toda sudada y oliendo a perro correteado, pues reconozco que las mechas no huelen a rosas, probablemente no lo notaba en mi linda Bamenda, pero aquí en el avión se concentra un poco el olor jajá, para rematar me he recetado un paracetamol y un sobrecito de ibuprofeno que debería ir disuelto en agua pero ante la carencia del liquido de vida me lo pongo en la palma de la mano, polvillo blanco curiosamente, y me lo paso de un trago jajá, yo creo que a estas alturas además de molesto mi vecino estará cuestionándose seriamente si no tendré alguna relación con un cartel, por lo que se pone sus audífonos y se ladea hacia el pasillo, evitando cualquier contacto o posibilidad de conversación.

Un vuelo mas a solas, pero en fin, la garganta ha empeorado así que me dedico a lloriquear del dolor un rato y más tarde al terminar el libro de Marta, vaya golpe izquierdo, librillo generador de risas las primeras 99 páginas y para la última te reserva una línea de esas melosas y con mensaje que me derriba mi murito emocional muy bien diseñado para estos últimos días de sobresaltos.

Sin mayores contratiempos aterrizamos en Houston, donde a cambio de las ultimas carreritas el vuelo se retrasa y me regala una hora más en la sala de espera, logro llamar a casa y anunciar que en menos de lo que canta un gallo, lo cual es mentira porque el gallo cantaba cada dos horas, estaré en Mexicali.

En la sala de espera me decidí totalmente a entablar conversación con alguien, pero los ipod, ipads, computadoras, mp3 y uno que otro libro me ganaron la estrategia, además que puedo ofrecer yo que no tengan ya esos dispositivos, si, es mejor que ellos se encarguen de mantener el sentido de las relaciones sociales, yo hoy practicaré la contemplación y después de ver una y mil veces a la gente, su color, sus tamaños, ropa, y demás características, reconozco que me aburre el panorama, carente del caos Camerunés al que venía acostumbrada, carente de ruido, ritmos o color, y duermo.

Anuncian el momento de abordar y ansiosa tomo mi último asiento de esta travesía, encontrándome por última vez con la posibilidad de una conversación profunda anulada, mi vecina tiene 4 años, y su madre a lado de la ventana, está más ocupada en la cosmética y en cambiarle la caricatura al DVD personal de la pequeña, ni cuenta de se da cuando de reojo veo las caricaturas durante el viaje jeje.

Es hacia el final del vuelo, cuando me entran los nervios por llegar a casa y ver a mis papas que la vecina me pregunta de si estoy bien, intrigada por las trenzas, el vestuario o mi compulsivo arranque por tronarme los dedos y morderme una uña, no lo sé, pero realmente ya es muy tarde para mucha conversación así que solo le respondo que estoy emocionada pues no he visto a mis padres en más de 7 meses.

Al poner el primer pie fuera del avión corro jeje, para no romper la rutina de todo este viaje, y corro y corro hasta llegar a las escaleras eléctricas y empezar a buscar con la mirada, que hasta este viaje recuerdo no es muy buena, y reconozco como si fuera ayer, la pelona de papá jajá e inmediatamente toco suelo, toco fondo y llega la paz, es como si en el mundo se hubiese parado un segundo y solo yo bajara por esas escaleras y solo papá existiera del otro lado de ellas. Desapareció el dolor de cabeza, el hambre, el cansancio, las dudas existenciales, la crisis, el caos mundial que tanto me preocupaban, hoy todo eso puede esperar, mi papa me espera y de pronto mamá también aparece en la escena.

Pocas cosas se comparan con la sensación de abrazar a la familia de nuevo, de sentir el olor de mama, papa y Tony en cada bocanada de aire que respiro entre sus brazos. Es más dulce que la paletita que te da el doctor después de una inyección, más refrescante que un salto a una alberca en pleno verano mexicalense, más energizante que cualquier bebida energética y sobre todo, más lleno de paz y amor que los hippies en sus mejores tiempos, es simplemente perfecto.

Como será perfecto el camino de vuelta a casa, con mi amigo Chacho que ha venido también, como será perfecto el hot dog con queso que se implantó en mis asuntos pendientes antes de pasar a mejor vida, como serán perfectos el par de perros bobos que me reciben histéricos de gusto en la puerta de casa y como será perfecto volver a entrar a esta casa, mi casa, mi cuarto, mi cama y mi hogar, aún sintiéndome de lo más desentonada y extraña, pues todo me parece por demás limpio y opulento, es casi un castillo jajá.

Dado que no hay maletas, no hay mucho que desempacar, la garganta tampoco me permite dar una recapitulación nocturna de lo vivido, como si fuese posible además, el hot dog me ha dejado en pleno proceso digestivo y mañana espera un gran día, carnita asada de bienvenida, optamos por ir a dormir y mi primer pensamiento al poner la cabeza en la almohada es que en ese mismo momento cuando estoy por dormir, la primer misa en Futru está terminando y yo estoy ahí, sentada en esa banca como hace un par de días con mis trencitas y faldita local, con una niñita tomándome la mano mientras le pido a Dios que nunca, nunca, vaya a donde vaya, haga lo que haga, me olvide de ti, mi Bamenda.

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