martes, 16 de agosto de 2011

La última y nos vamos

Lunes 15 de Agosto


Hoy es día de fiesta en la parroquia, me levanto sin remedio pues a las 6am se me ha ido el sueño, vaya noche, revisando el respaldo, la batería, la computadora, despertando cada dos horas sin remedio. Lo primero en la lista de hoy es poner una lavadora y esperar que se seque en un día, sobre todo en estos días tan fríos, pero hoy el Rey Sol nos regala unos rayitos mañaneros muy alentadores y adecuados pues del frío de la misa de ayer mi garganta ha amanecido en huelga.


Durante el ofertorio de la misa, bajo paganamente a que Clara me ayude con mis dedos, la cortada va bien, pero el otro está infectado. Vuelvo a misa y Justin me comenta que me llamará durante los anuncios para un discurso de despedida, lo debí de haber pensado ayer, ahora ya es muy tarde y los nervios me consumen jeje, por lo que llegado el momento me aviento un par de líneas que no son ni la mitad de lo que me hubiera gustado decir pero la gente igual sonríe y me aplauden al final.


No tengo palabras, mucho menos estos días, pero los sentimientos se apilan dentro viendo a todos los niñitos ahí, algunos aún con sus pañoletas del campamento, caras de jóvenes monitores, las mamás, los papás, toda esta linda comunidad, que como les he dicho, me han abierto no solo las puertas de su casa, si no el corazón, tanto que puedo llamar a este Camerún, Bamenda, Futru, St.Michael, mi casa. Dios bendiga a esta gente.


Terminando la misa tomo mis cosas y salgo con Justine para Foncha Junction donde me esperan unas 3 horas de salón para media cabeza de trenzas, vaya buena idea, hacérmelas el penúltimo día, con la de pendientes que traigo. Vuelvo a casa pasadas las 3, justo para la última junta con los monitores, que tiene más tintes de despedida y de convivencia social que de junta jajá, pero sí que aclaramos unos puntos sobre las sesiones del próximo año, como coordinarse, en que los apoyaré y bueno, más que nada el aliento a continuar con lo comenzado este año, que a opinión general, ha sido un gran año, lleno de aprendizaje. Entre la despedida hay cartitas, bolsa de cacahuates, jarras de Foster Clark, abrazos, buenos deseos y claro la esperanza de volver a coincidir. Dios bendiga a los jóvenes.


Cuando terminamos subo a otra curación con Clara y vuelvo a limpiar finalmente el cuartito de materiales, arreglar las ultimas cajas, los balones, disfraces y cerrar por última vez ese cuarto con tanto potencial, esperando que los siguientes voluntarios sepan exprimirle tanto al inicio y dejarlo más lleno hacia el final, como ha sido en este caso. Bajo a cenar un poco de ensalada junto con Emilio y me retiro pronto para subir con las Calasancias a la cena de comunidad, despedida, fin de campamento, bueno infinidad de motivos para festejar, y digno de ello el bufete. Pescado rostizado, plantane frito, fritangas chinas, papas fritas, bebidas y plums, que sin pudor alguno me como 3 por aquello de que sean los últimos de una larga temporada. Oh mi Dios! lo que extrañaré esta comida jeje. Claro las bromas no se hacen esperar, sobre todo la de cómo haré para ordenar fufú o yaman yaman en el avión jajá.


Hacia el final las Calasancias me toman por sorpresa con una cruz local como regalito y nuevamente me reprendo por no haber preparado un discurso digno de ellas, pero al final creo que mis palabras fluyen mejor que en la misa ante estas mujeres que han sido más que mis vecinas, mis amigas, mis guías, confidentes y salvación en estos meses. Dios bendiga a las Calasancias.


Subo a casa para curarme el dedo con agua caliente y sal, y reconozco que mi fortaleza ante el dolor físico ha aumentado impresionantemente estos meses. Vuelvo al cuarto y el respaldo ha fallado, por estas razones de electricidad ausente, así que me rindo, lo dejo y a dormir, mañana veré que resuelvo.


Martes 16 de Agosto


La luz se va a primera hora, por lo que el respaldo de la computadora pasará a versión manual. Bajo por un café y a curarme el dedo una vez más con agua y sal, auch! Y de ahí con las Calasancias a desayunar, aunque se nos retrasa un poquito el horario con pendientes en casa y para mala suerte al llegar por fin al sitio está cerrado, pero decidimos pasar y conocer el café de la tienda Prescraft en Comercial Avenue y me alegro que lo conozco justo a un día de irme, o ese capuchino que he probado me hubiera dejado en banca rota meses atrás.


Llega la hora de la despedida y mi bloqueo mental me impide ser elocuente en las palabras, pero consciente de ello le tengo a Marta y a Clara una pequeña cartita con lo esencial, lo más puro de mis sentimientos y unas lindas fotos de recuerdo que las toma por sorpresa, como ellas me han tomado a mi desde el primer día de conocernos hasta esta mañana donde me regalan una bellísima artesanía de una mujer africana, el mejor ejemplo de fortaleza que hasta ahora tengo. Dios bendiga a Marta, Clara y Mary que anda por España.


Nos separamos con miras a despedirnos una vez más mañana, ellas tienen pendientes en el mercado y yo el salón para que por piedad terminen con las mechas que han comenzado ayer. Como lo suponía los tiempos Cameruneses me la juegan y las chicas en el salón tardan más tiempo de lo que esperaba, vaya última prueba de paciencia, ahí sentada hasta las 4 de la tarde, con el nene llorando, las conversaciones a ratos en Nkwen, la computadora que simplemente no coopera en esto del respaldo y los múltiples dolores acumulados que traigo, los dedos, la cabeza, la espalda y desde ayer la garganta también.


Por fin entro al cuarto sobre las 5pm y el mundo se me viene encima solo de pensar en las maletas, para mi suerte Cele y Steinella pasan a saludar y me aligeran muchísimo el mal rato, hubiese sido tan triste hacer maletas sola, pero entre las charlas y sus risas cuando me ven peleando con el mundo de cosas que llevo de vuelta y preguntando “¿como Dios mío compre tanto?” o “¿y donde meto esto?” jejeje en fin, la hora y media de maleta se pasa veloz. A Steinella la veré más tarde, pero con Cele ha llegado el momento de decir adiós y es el primero de los abrazos que me parten por dentro, mientras lo observo subir esa colina por última vez, gritándonos el uno al otro “bushy” y deseando que la vida nos reencuentre algún día. Dios bendiga a Cele.


Vuelvo rápidamente a mis últimas oraciones y aunque la capilla está vacía me siento acompañada, de recuerdos, de aires, de Dios. Leo el librito que Paula me ha regalado hace unos meses pues durante todo el campamento lo abandoné y cuando estoy por terminar entran Justin y Emilio y rezaremos juntos lo que serán mis últimas oraciones de noche en esta bella capilla, que me acogió desde el primer día, en las peores noches, las mejores tardes, las mañanas medio dormida, a cualquier momento, que su puerta siempre se abrió para mi, su decoración siempre me trajo calma y sus bancas me dieron un sitio perfecto para sentarme a platicar con él, para rezarle, agradecerle, en fin, para amar el encuentro interno. Dios bendiga esta casa, esta capilla.


Y más pronto de lo que esperaba, la última cena, con Romeo, Justin, Wilfred, Thomas, Moses y Emilio, donde lo último que me importa son los dolores del cuerpo, pues me empieza a doler el corazón, donde no me concentro en que como si no en no llorar, donde por primera vez no quiero hablar, quiero escucharlos a todos, en pidgin, francés o inglés, sus risas, sus conversaciones, sus tonos de voz, quiero que se me plasme tan fuerte y honda la escena que me dure al menos todo el viaje, para no sentirme lejos de esta comunidad aún.


Justin da unas palabras de agradecimiento y reconocimiento, han escogido que la palabra que define esta experiencia es “courage” y vaya que es acertada, como son acertadas también las palabras de Justin que van abriendo poco a poco mis ojitos al llanto. Afortunadamente entre broma y broma puedo controlarme y no puedo más que sonreír cuando me dan los lindos regalos de parte de la comunidad, tan perfectos, tradicionales, personalizados, increíbles, más de lo que creo merecer jeje.


Y me llega la hora de hablar, decidí no preparar un discurso pues confío plenamente en lo que me dicta el corazón ahora y de manera breve pero sincera y emotiva les agradezco infinitamente por todo lo vivido, por su apoyo, su compañía, su consejo, los buenos momentos y los difíciles también, la experiencia de vivir en comunidad, permitirme entrar en su vida y en su rutina, por ayudarme a sentirme como en casa, por haberse vuelto una familia para mí, les prometo mantener el contacto y les amenazo con volver a visitar jeje.


Bendecimos por última vez y nos hacemos un par de fotos que ahora que las veo expiden la palabra hogar de principio a fin, me siento entre brazos hermanos, amigos, me siento tan tranquila, tan agradecida, tan feliz, tan plena, tan acompañada, no tengo más palabras, no tengo más que un corazón gordito de amor y alegría por esta comunidad. Dios bendiga a mis Escolapios de Bamenda.

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