jueves, 27 de enero de 2011

Dia de Mercado

26-ene-2011

Claudia amaneció enferma, esperamos no sea nada grave y solo un alimento medio caducado que ingerimos ayer, o algo por el estilo. Yo tengo 3 piquetes nuevos en las piernas. Platico con Charles y Fidelius, los cocineros, sobre la Malaria y parece que aquí es como tener gripa, les ah dado a uno 3 veces y a otro 5, me explican muy fácil como se va al hospital a que te pongan el suero con el antibiótico o que te receten las pastillas, otros Padres Escolapios se han expresado con la misma facilidad sobre la cura de la temerosa Malaria que nos pintan en el continente Americano, así que decido relajarme, creo que aceptaría la Malaria muy tranquilamente si pudiera tener un desayuno cercano al termino ¨completo¨.

Esta mañana mientras platicaba con el padre Marcel sobre sus planes de cambiar las cortinas del comedor que tienen ya 23 años (si, mi edad) eh pensado como sabrían un par de huevos revueltos y un pedacito de tocino, o despertarme y escuchar un sábado-domingo a mamá o papá gritar ¨ya está el desayuno!¨ y llegar para ver el plato que me espera con mi hot cake y mi vasote de leche ENORME y fresca, porque si no lo eh comentado, aquí no hay leche, no hay de que no hay, porque es difícil de conseguir, porque es cara, porque no pueden refrigerarla bien de donde la hacen hasta ciertas ciudades por lo que se echa a perder. Estos últimos 19 días mis raciones de calcio y todo aquello que contiene la leche, en teoría los suple la leche en polvo.

Se me nublan los ojitos, soy pésima disimulando eso, el padre Marcel no dice nada, aquí los hombres siguen 200 años atrás en eso del trato a las mujeres, si nos ven preocupadas o de malas o con cara de planear saltar del primer risco disponible, igual siguen con su charla. Lo confirmo más tarde cuando le platicamos al padre Emilio que Claudia tiene el estomago ¨delicado¨ por así decirlo y dice: ¨¡Asha! ¿Ya te tomaste algo?¨ y sigue con su comida.

Después de una interesante clase de español donde Claudia les enseña la canción de Thalía, amor a la mexicana, mientras yo me pongo roja y rio hacia mis adentros al intentar traducirla, volvemos a los cuartos, ambas estamos exhaustas, de mas, bueno al menos Clau tiene pretexto, pero ¿yo? Me desespera mi insuficiencia cardiaca y pulmonar que me da a ratos, detesto los estragos de la altura sobre mí y la carencia de nutrientes para sobrellevarlo.

Más tarde una de las hermanas de la casa Calazansia me explica que es por la altura, yo le digo que 2 semanas deberían ser suficientes para acostumbrarse, pero mi cuerpo decide lo contrario, 3 escalones los siento como 30 y correr una vuelta a un campo de futbol las siento como 4 jajá, considerando que el promedio de escalones que subimos diariamente son 100 debo agradecer a la genética por mis piernas, dos gramos mas flacas o débiles y no la hago jajá.

Mientras yo le ayudo a la hermana a apagar el generador que tienen, articulo indispensable si se quiere salir adelante aquí, me platica que lo ah tenido que prender para platicar por el Skype con su madre de 95 años en España, bendita tecnología. Hoy también un maestro de la primaria me hace ver que con toda la distancia la tecnología nos mantiene a un paso. Y es cierto, cuando la hay, pero ¿que tal los días cuando se va la luz 6 u 8 veces como ayer? O como esta mañana que se ah ido durante un par de horas, entonces sí, arréglatelas jajá, pero me va bien, aprovecho como cuando se va la luz en Mexicali, leo, observo, pienso.

Hoy por la mañana eh salido a leer un poco al sol para quitarme el frio, insisto en terminar la Divina Comedia de Dante, pero es algo pesada, descubro que una cabra me observa intrigadamente. Me pregunto si le intriga mi persona, donde estoy sentada, el libro o si de plano también nota el cambio en el color de piel jajaja, me doy cuenta que estoy delirando y vuelvo a mi cuarto a comerme 2 aceitunas.

Las aceitunas son mi deleite diario, es como darle una paleta a un niño, o darle croquetas a Rigo y Benito, también se asemeja a aquellas noches que sale uno del antro y se para por unos tacos o un hot dog. Hoy por hoy, para mí las aceitunas son ese pedacito verde, jugoso, sabroso, práctico, que al morder me hace sonreír, como cuando te compras un lindo vestido, o te roba un beso el amor de tus amores.

Creo que son signos de adaptación, me estoy volviendo a lo básico, a sorprenderme de una mariposa, a escuchar con calma, no correr, no desesperar porque el internet vaya lento o no vaya para nada, a sonreír porque hay ensalada, como cada tarde y noche de cada día y pienso ¨pudiera ser peor, pudiera no haber café o arroz¨. Hay que inclinarse un poco a este concepto de 3er mundista, si me quedo en el nivel de Mexicali me dan unos ataques de ansiedad bien intensos, así que mejor me clamo y fluyo cual fluye el agua de los riachuelos por aquí.

Hemos bajado por 2da vez en el día a buscar al fotógrafo que me tomo unas fotos tamaño pasaporte hace dos días para mi credencial en la escuela de Francés, no está y las vecinas se niegan a darle mi recado, me dicen que apunte su número y le llame, mis 2,000 francos de crédito se me esfumaron felicitando a la Caro cuando nació su bebe.

De regreso volvemos a ver al grupito de niños que siempre andan por ahí, con sus ropitas sucias igual que las caritas, jugando con piedras, palos, clavos oxidados, o con su propia ropa, tapándose la cara con la camisa y mostrándonos sus pancitas redondas, aunque sospecho no es por buena alimentación.

Salir de casa es toda una prueba de paciencia, hay que lidiar con la manada de niños que salen de todas partes gritando ¨Sista! Sista!¨ (hermana en Ingles) acostumbrados a ver religiosas en casa escolapia, responderles un ¨good afternoon¨ o ¨good evening¨ y darles la manita o el abrazo cuando corren hacia ti. En general la gente percibe aquí a una mujer blanca como religiosa, creo que no conciben la idea de venir hasta acá solo por ayudar más que por seguir un poco la vocación divina.

También hay que lidiar con las miradas de los hombres de alrededor, algunas nobles claro, pero muchas más con sospecha, tintes de maldad y rayones de deseo, es incomodo, es como pasar en mini falda por alguna obra negra en Mexicali, pero aquí no vamos en mini falda, y creo que aunque cubriéramos todo salvo los ojos, igual me sentiría observada, escaneada, medida, calculada y lamentablemente acosada. Seguimos de largo como siempre, haciendo un par de bromas para pasarnos la molestia.


Jueves 27

Mi madre sugiere escriba una novela, es una buena idea, tendré que comenzar a darle forma, me gustaría al volver tomar un curso de taller literario o algo por el estilo. Si me voy a México con mis abuelos sería algo que planeo hacer mientras este allá, lástima que se nos haya ido Germán Dehesa, pero ¿imagina tomar clases de literatura tan cerca de esos talentos? debe ser una súper experiencia.

Le comento a Mamá que le daría el ataque acá con su curso de nutrición, el aceite con el que cocinan los alimentos es de palma! imagínen el porcentaje de grasa y todo eso. Además que el balance de los grupos alimenticios no es el ideal, vivo prácticamente de arroz y ensalada, salvo cuando hay pollo, como una vez a la semana o carne, una vez también, lo que resta 4 días de pescado y uno en el que no hay carne de nada! rellenan con papas o algo así.

Los cocineros nos aman, nos los hemos sabido ganar, así que cada que hay pescado me ponen un pedacito aparte, sin revolverlo con los estofados tan elaborados que hacen, así lo puedo desmenuzar, ponerle un poco de kétchup y un poco del estofado, así no me da miedo la piel, o picarme con las espinas.

Ayer un padre se comía súper contento el ojo del pescado a mi lado, por ponerle atención casi vomito jajá, se ríen mucho de nosotras, de las bobadas que hacemos y es que entre Claudia y yo no armamos el menú completo.

Lavar aqui es otra experiencia también, a penas le caben 5 o 6 levis, es pequeñísima y tarda un mundo los ciclos, además no hay suavizante jeje y para cerrar como que no exprime bien, sale la ropa algo empapada jajá, es toda una risa lavar ropa y además cansadísimo, así que decidimos hacerlo una vez al mes literalmente, suerte me traje tantas blusas y ps hacemos rendir los pantalones y los shorts, trato de no usar tenis más que para correr y reutilizo mis calcetines unos dos días, hasta que huelan bastante mal jajá.

Hoy por la mañana me siento en la capilla a rezar como cada día con los Padres, Postulantes, un nuevo Religioso que nos acompaña y Claudia, pero hoy me siento diferente, me llena más que nunca esa media hora de reflexión, comparo como los 1eros días cantaba los salmos y durante los 10 minutos de reflexión personal tenia la mente en blanco, pensaba en mi familia, los amigos, un par de cosas más y ya.
Hoy se me han ido los 10 minutos en peticiones, agradecimientos, reflexión, etc. Frente a mi esta el libro ¨Believing in Jesus¨ que tome al inicio para llenar esos 10 min, hoy no lo abro, no necesito llenar nada, estoy rebosando de pensamientos.

Después del desayuno partimos con el Padre Marcel al mercado, quisimos averiguar cómo es esto de hacer el mandado aquí. Nos encontramos con el origen y la técnica de ancestros.

Primeramente tomamos rumbo hacia la carretera rumbo Yaundé, subiendo esa montaña que separa Bamenda de sus vecinas. Llegamos a una ¨carnicería¨ cual debe ser su nombre acorde a su función. La primera impresión es una cabeza de vaca boca abajo, con los cuernos sobre la tierra, escurriendo unas cuantas gotas de sangre rojo vivo, los hombres del lugar se lucen cuando Clau saca su cámara y levantan la piel, nos da un vistazo al cerebro y nos pega el tufo de muerte que ronda. Tiene los ojitos abiertos, la toman por la mandíbula y la voltean para otra foto, yo busco acostumbrar mi olfato al olor lo más pronto posible para que no me nuble el resto de los sentidos.

Volteo al resto del lugar y me encuentro con una barra de concreto, techo de lamina, sostenido por barrotes de madera vieja y negra, asumo ahora que sucia de sangre, de tierra. Alrededor de 8 señores, cada uno en su tarea, unos para matar, otros partiendo las costillas, otros cortando los muslos de la vaca en trocitos, uno haciendo negocios mientras coge el dinero con las manos manchadas de sangre y sabrá Dios cuantas cosas más.

Vemos como parten con semejante machetes la columna de la vaca para seguir con las patas traseras y más adelante las delanteras, separan un poco más la pata y muslo para dar cada uno a un hombre diferente, estos destazan, cortan y van alistando los diferentes tipos de carne, de los ¾ de vaca que pidió el Padre Marcel, mientras al fondo otro hombre se encarga de la parte central de la vaca, rompiendo las costillas a machetazos y separando cada fibra o pellejo de los huesos. Cada golpe lanza mesclas de sangre y carne indistintamente, hay que ponerse atentos y esquivar.

Las moscas van y vienen, se paran en la carne, saltan a otro pedazo, se paran en mi blusa, le soplo y le importa poco, luego regresa a la carne. Le comento a Claudia que ojala el cocer la carne elimine todo realmente o nos veremos en problemas. De manera rápida clasificamos un poco y encontramos desde tifoidea hasta hepatitis en las posibilidades dentro de esos trocitos saboreados primeramente por moscas.

Llega una señora a pedir carne y es la señal para ir por otra vaca. Me interesa acercarme un poco más a ver el procedimiento, pero temo por mi resistencia al vomito, nauseas, mareo o un desmayo. Escucho la voz de mi madre diciendo: no hagas pendejadas, y clasifico el acercarme como una pendejada. Finalmente decido quedarme del otro lado del camino y observarlo todo a una distancia ocularmente razonable para no captar todo el detalle, solo la técnica.

La atan de las patas y la tiran de lado, toman su cuello torciéndolo hacia un lado y degollan lo que imagino debe ser una de las arterias principales, abren un poco la piel del cuello, no sé si para desangrar más pronto, lo que sé es que la vaca resiste un minuto más de lo que yo esperaba, comienzan a despellejarla y entonces considero sabio dejar de observar. Nuestro pedido está listo y volvemos a casa, Fidelius y Charles bajan los sacos de carne del carro para separarlos en raciones acorde a las personas en la casa y refrigerarlos.

Al volver al mercado el Padre Marcel pone en práctica sus mejores técnicas de negociación a cada instante, entre los autos, las motos, los puestos de comida, la gente, los pasillos angostos, el sol quemándome la nuca y el Pigin durante el proceso de negociación siento que me asfixio.

El Padre nos ofrece un par de naranjas para comer, poco nos importa que estén lavadas o no, igual clavamos el diente, usamos las uñas, la muerdo, la aprieto, le exprimo el jugo, lo succiono, que más da si mis manos están pegajosas o mis cachetes bañados de jugo también, es mi pedacito de cielo en ese momento, es un respiro de aire fresco, unas gotas de elixir para el momento tan caótico.

Seguimos como zombis al Padre entre los pasillos y terminamos en un puesto de costura. Previamente habíamos considerado hacernos un traje típico, pero la idea vagaba aun y queríamos ir poco a poco viendo telas y modelos antes de decidir. Resulta que la costurera es la de costumbre para el Padre Marcel, por lo que no nos queda de otra más que adelantar los planes, escogemos una tela a tonos azules y morados y de un catalogo de papel viejo y enrollado escogemos un modelo que pueda usarse durante la misa del domingo, con un toque femenino necesario para devolvernos ese privilegio de lucir nuestra estructura, después de estar todo el tiempo en tenis, chanclas, camisas, pants, shorts largos, etc.

Me rio pensando en mi madre diciendo: no eches a la maleta esos shorts tan cortos, mientras yo le respondía que no pasaba nada, igual los eh usado en la ladrillera y en otras ocasiones. Hoy esos shorts están hasta el fondo del closet, nuevecitos, sin estrenar, sin poder disfrutar que me queden mejor que cuando los compre pues eh perdido peso.

Después de la comida acompañamos a la hermana Clara a una escuela-internado ¨aquí cerca¨ como lo comenta ella. Resulta ser un camino de subidas y bajadas durante media hora, donde recuerdo que mi presión y fortaleza física esta peor de lo que creí.

Al llegar se observa una estructura de ladrillo con techos de lámina color rojo, como todos los de aquí, por la tierra. De un largo de 15 metros por 20. Dentro toman clases 130 alumnos, de los cuales 90 también viven ahí. Cuenta con un pasillo principal donde las primeras puertas y pasillos alternos son salones, con las bancas de madera ya vistas antes en otros lados y sus pizarrones de tiza, al fondo los dormitorios.

Cuando nos acercamos la impresión del olor a tierra, falta de limpieza, orines y hacinamiento quedan en segundo plano cuando observo a detalle el cuarto lleno camas codo a codo y en litera, con los baúles de ropa en las esquinas. Es el cuarto de las niñas, justo en frente hay uno más pequeño y con camas más chicas para los menores, al otro extremo del pasillo es el de los niños. No puedo evitar mi tendencia hacia la ingeniería y calculo alrededor de 20 camas en el cuarto de las chicas, por lo que asumiendo que el de los chicos es igual, mi mente no se explica como con 40 camas se logra dar cobijo a 90 niños, le pregunto al director si duermen de a dos por cama, su respuesta algo nerviosa de ¨algunos¨ no me convence, me desilusiona.

Salimos al patio donde se ve el habitual movimiento de pequeños tras un balón donde quiera que haya una portería, se ven contentos. Debemos partir a la clase de Francés y al despedirnos del director notamos que hubo un malentendido, él pensaba que nos quedaríamos a dar clase a los alumnos, se me parte el corazón al verlos sentados y listos, con el pizarrón que unos minutos antes cargaban de un salón a otro y la palabra ¨Español¨ escrita en el.

La media hora de vuelta a la carretera se sobrevive al ver a un chiquito caminando a lado nuestro, Clau le pregunta si vuelve a casa, el comenta que sí. Estudia en la escuela de la que acabamos de partir, le preguntamos si le gusta, el contesta con una sonrisa que sí, me quedo más tranquila, bendita ignorancia de condiciones de salubridad y desarrollo humano, los niños omiten muchas desgracias para ser felices con lo básico, con amigos, con un balón, con un campo de tierra siempre dispuesto a recibirlos.

Durante la clase de Francés vemos que también las técnicas de educación va retrasadas, fuera de que la maestra llegue 40 minutos tarde, lo que nos desquicia un poco es cuando me comenta que no use el diccionario en clase, que debo ponerle atención, ¿Cómo le explico que puedo hacer ambas cosas?. Lo mismo le pasa a Clau cuando la reprende por escribir y nos recuerda que para eso habrá tiempo, que mejor la escuchemos. Parece que aquí no va eso de apuntar y escuchar al mismo tiempo, volteo a mí alrededor y noto que somos las únicas haciéndolo, así que lo dejo, trato de seguir su método, pero me aburro, termino pronto los ejercicios y vuelvo a tomar el diccionario.

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