VIERNES – 28 – enero
Por la mañana hemos adelantado varios pendientes escolares, por la tarde de nuevo al francés, ahora más divertido, con una dinámica que la profesora ah ideado buscando el aprendizaje de las preguntas básicas sobre nombre, dirección y trabajo. El experimento a resultado en una batalla campal, el grupo dividió en 3 equipos; el mío con Claudia, Manuel de Guinea Ecuatorial y Ashanti de aquí de Bamenda, el otro con los 3 chicos y el 3ero con María, Ate, Ragid (o al menos así se pronuncia) y Mohamed. El equipo de los chicos se ha dedicado más a hacer perder al otro antes que aprender, todo por unos cuantos puntos que iría dando la maestra, cuando al final el castigo para el perdedor ah sido recitar la conjugación de un verbo.
Por la noche hemos salido clandestinamente Diodoné, Moisés, Clau y yo, digo clandestinamente porque los muchachos nos han comentado que al Padre Emilio (superior de la casa) no le encanta mucho la idea de que salgan a pasear por la noche. Llegamos a un edificio que hacia las de restaurante, hotel y cabaret como su letrero nos indica, reímos al ver las escaleras que descienden y entramos por una puerta forrada de un colchón, para llegar a un salón con mesas y cantina estilo México en los 80´s y un grupo que nos ambienta con canciones en la lengua de la zona de Duoala, el ritmo es pegajoso y disfrutable.
Pedimos un par de tragos y comenzamos a platicar, principalmente molestamos a Moisés, quien se ordena sacerdote en 2 semanas, tratamos un poco en broma y un tanto en serio de hacerlo duda, pensar 2 veces, el se ríe, en verdad se ríe, proyecta ese nerviosismo de cuando nos tocan fibras internas en el rincón de la duda.
Más tarde el ritmo mejora y un par de personas se paran a bailar, unas canciones más nos paramos nosotros, un gusto y una energía invaden mi cuerpo, tenía ya 3 semanas sin bailar, sin salir por la noche y relajar un poco la mente, la actitud de fortaleza que hay que traer bien puesta por aquí.
Se terminan los tragos y volvemos a casa, duermo tranquila, duermo 4 o 5 horas pues el gallo ahora por el contrario no me despierta, mas bien no me deja dormir, se le ocurre confundir la 1am con las 4am normales que atentamente me dedica poemas a su tan original e inconfundible tono.
Sábado 29 de Enero.
Hoy trato de ir con calma, me pongo en pie y llego a las oraciones, vuelvo y antes de considerar dos veces el ir a dormir me doy un baño, disfruto el agua, pienso en el día en que la luz se vaya y el boiler no haga su trabajo, agradezco una vez mas tener el cabello corto, me facilita esas situaciones de peligro ante una pulmonía.
Vamos al mercado con el Padre Justin, buscamos cambiar dólares y yo un libro de francés para poder practicar un poco en casa.
En el trayecto nos dividimos para acortar tiempo, el Padre Justin y Clau van por los dólares, yo sigo en la búsqueda del libro. Pasa lo de siempre, me llaman, me toman del brazo, escucho gritos de “White girl” o “baby”, me cierran el paso, invaden mi espacio personal, gritan a lo lejos, saludan, intentan venderme algo o se presentan, un Señor me toma de la mano y decide no soltarme, le hablo en ingles, después del “good morning, how are you?” afloja un poco la fuerza y aprovecho para irme. Ya no siento miedo, apenas me molesta, aprovecho mis lentes de sol para tapar cualquier expresión de incomodidad ante ellos y funciona, sigo de largo como si no entendiera el ingles, como si no hubiera nadie en esta concurrida calle de “Comercial Street” más que yo y mis ganas de encontrar un libro de Francés, fracaso, me reúno con el Padre Justin y Claudia y volvemos a casa con los dólares.
Comemos y subo a tratar de aprovechar el internet y poner más videos para mi mundo, para compartir mas imágenes y sonidos que las fotos no nos dan, me gustaría poder mandar los olores también. Clau y yo platicamos un poco, debatimos o algo así y nos repartimos el trabajo de la clase de “Adult Literacy” para el lunes, decido cambiar mi lugar de estudio y me siento en una banca bajo el gran árbol, vecino del cementerio que vigila la puerta de entrada a nuestros cuartos.
El lugar esta desierto, no pasa más que una hormiga por mis pies y me quedo absorta contemplándola. Mientras dibujo y hago ejercicios de matemáticas escucho el viento, veo las hojas moviéndose y como todo gira igual, como antes de que yo estuviera sentada aquí.
Un par de niños surgen de entre las tumbas, me pregunto si jugaban ahí o vendrían de algún lado tomando un atajo, pasan y saludan como siempre, con sus caritas sucias pero contentas, el más pequeño me mira impresionada y mueve su manita con un poco de miedo, yo le sonrío y entonces se deja de miedos y ríe.
Me impresiona como transcurre el tiempo aquí, como planea la gente su día, con variaciones de horas entre una actividad y otra, lo que para ellos es ¨prisa¨ para mí resulta una eternidad, decido dejar mi reloj en el cuarto, divorciarme de él unas horas para ver qué pasa, experimentar si me adapto al ritmo de este nuevo mundo.
Pasa Diodoné y se sienta a platicar, agradezco el gesto, hablamos durante una hora y le suelto un par de lagrimas, como si lo conociera de años, me escucha y me aconseja, me da una bocanada de esperanza, de aliento.
El padre Justin pasa y me invita acompañarlo a repartir unos volantes, como de costumbre su plan se prolonga entre saludar a conocidos, visitar una estética que a medio corte de cabello se ah quedado sin luz, sale con la mitad del corte, visitamos a más gente y volvemos mas tarde a que terminen el look. Llegamos directamente a la cena y por llegar tarde me toca el apodo de Wendolate, que originalmente Clau había inventado para Diodoné por llegar siempre tarde a la cena.
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