miércoles, 19 de junio de 2019


A medias de nuestro medio año

               El 2019 empezó como estaba planeado. Enero, Febrero y Marzo estarían cargados de mucho trabajo también, de arriba para abajo en la construcción, unos días sin tener un minuto para sentarnos, mil juntas, llamadas, ajustes y demás actividades para estar listos para la gran inauguración de la planta ese 19 de Marzo.

Recuerdo tu llamada un sábado por la noche, donde coincide que estaba en casa un poco antes de tiempo, ahora entiendo que llegue justo a tiempo. Iríamos al hospital por un dolor muy fuerte que tenías y dos días y un par de revisiones después nos confirmarían el diagnostico, cáncer en matriz. Comenzarías tu tratamiento inmediatamente con radiaciones diarias y una quimioterapia a la semana para intentar detener lo que ya se veía era un avance a los órganos cercanos.

Yo estaba desolada y esa primera semana la pasaría de la oficina al hospital, en tu casa o en mi casa durmiendo pues estaba exhausta, de la noticia, del trabajo, de la velocidad del primer trimestre de este año. Esos días de opacidad me volví a sentir perdida, analice todo, la vida, las probabilidades, las decisiones que tomamos o no tomamos y si en algo influyen ante la enfermedad, los riesgos de vivir a medias, los riesgo de vivir al límite, la compañía de una pareja y la necesidad de saber estar solo.

Llegaba el 1ro de Abril y con eso mi 2da gran celebración laboral de este año, el 8 de Abril David y yo celebrábamos nuestro 2do aniversario de bodas y dos días después tratando de entender porque tenía tanto sueño me haría una prueba y leería el POSITIVO que cambiaba mi vida. Esa prueba me avisaba que sería mamá de un bebé que claramente vendría a disfrutar la vida pues llegaba a mi vida a pesar del ritmo de las últimas semanas, entre las copas, las fiestas, los desvelos, los llantos, la crisis y las dudas, a través del mes más caótico que recordaba haber tenido, emocional, personal y profesionalmente, al final del día este bebé era Dios de nuevo enviándome un rayito de luz, algo que emocionalmente me mantendría a flote de tu triste diagnóstico.

Pasaba semana santa y se nos iba Abril. Comenzaba Mayo con mi cumpleaños donde como cada año me cantabas las gato-mañanitas, y entre tus tratamientos y mil vueltas lograrías sorprenderme con un regalo a la hora de la comida. Las siguientes semanas procuré visitarte al menos un día y obviamente con la noticia del bebé tendríamos ambas un lindo tema para distraernos y tener las emociones más controladas.

Las segunda semana de Mayo viajaría a Chicago y la tercera sería el turno de David a Phoenix, y se nos comenzaría a complicar vernos pues la logística de esos días funcionaba mejor para ti estando en San Luis, más cerca de tu familia y la del compadre. El último fin de semana celebraríamos el cumpleaños de David, donde una de las mayores sorpresas y alegrías es que pudiste acompañarnos, a pesar del viento y tu cansancio ese dia.

Ese primer lunes de Junio pude verte un par de minutos cuando volvías de San Luis para continuar tu tratamiento. Sé que la semana anterior habías pasado malas noches con dolores e insomnio y entre una circunstancia y otra ahora estabas paralizada del pecho para abajo. Aun así te reíste de mis chistes, tome tu mano, me contaste de ti. Días después nos confirmarían que la parálisis se debía al avance del cáncer a tu médula espinal. Me comenzaba a hacer a la idea de que te me ibas poco a poco, que la guerra contra el cáncer, aunque no estaba perdida en su totalidad, mostraba ya una predicción y no éramos los vencedores.

Esa semana estarías en el Almater 3 días, recibiendo no sé hasta dónde adecuadamente una serie de quimioterapias. David y yo pudimos verte un poco durante el miércoles, platicamos de Nueva York y otros viajes, recordamos Janesville y B2B, te hice reír de nuevo y ante tu evidente cansancio físico, porque mental y emocionalmente seguías dispuesta a platicar, nos fuimos dejándote dormida.

El siguiente domingo no tenía duda, todo mi sistema me pedía volverte a ver. Manejaríamos a San Luis, donde te cuidaban y para mi sorpresa y en contra de todo pronóstico pasaríamos 2 maravillosas horas junto a ti, tus padres y el compadre.

El momento estaba lleno de contrastes, esos minutos transcurrían en un cuarto del IMSS, con instalaciones en cierto grado decentes, pero para nada agradables a la vista, yo preocupada por mas infecciones a tu alrededor, tu platicándome del último gran evento familiar, el bautizo de Regina tu segunda hija de apenas 4 meses, que te habías decidido de último momento, a pesar de tus siempre ganas de tirar la casa por la ventana en cada celebración. No pude acompañarte pero sé que fue un hermoso evento, con tu familia y tus dos excelentes nuevos compadres.

Entre anécdotas, chistes y reflexiones, vivía uno de los momentos más difíciles de mi vida, ese espacio de tiempo donde quieres absorber cada frase, cada gesto, cada aroma y movimiento porque no estás seguro si los volverás a vivir. No podía quebrarme porque frente a mi estaba tú, tan valiente, tan aferrada, nunca te escuche derrotada, ni harta ni triste, para el nivel de cansancio físico que sé que tenías, era admirable. No vi más que tu sonrisa, tus ganas de seguir viviendo, el brillo en sus ojos cuando nos prometíamos una siguiente aventura o hablábamos de tus hijas.

A lado tus padres, quienes claramente absorbían lo más que podían del momento también y a quienes se me dificultaba ver a los ojos, porque no quería enlazarme a lo que ellos vivían, no quise ni siquiera rozar la probabilidad de pensar que se sentiría estar en su piel, que pasaba por sus corazones, de que fuerza divina se mantenían sonrientes también.

Al pie de tu cama mi compadre, un hombre a quien en este proceso termine conociendo más profundamente y algo de mi vio lo que tu viste al inicio de su relación, un hombre digno de ser amado en su totalidad y a quien le sobra tanto amor hacia ti y tanta desesperación ante la situación que no podía hacer mucho más que estar de pie, acompañando, esperando, dando un tipo de norte pues estaba y estuvo siempre iluminando la escena con paciencia y sonrisas que transmitían un poco de paz y anhelo.

Aunque quise quebrarme, despedirme, agradecerte por todo, abrazarte, llenarte de besos, llorar en tu hombro, tomar tu mano y no soltarla, no podía, no era justo que yo me rindiera antes que tú. Me fui con la esperanza de volver a verte, en condiciones distintas, tal vez totalmente recuperada, tal vez más consciente del eventual desenlace de la historia para que pudiéramos vivir un poco del duelo juntas, o en un punto intermedio donde pudiéramos coincidir y hablar de lo que nos esperaba, donde me pidieras lo que fuera, donde yo te prometiera todo, donde ambas juráramos acompañarnos desde los distintos planos en que viviríamos de aquí adelante.

Los siguientes días fueron ya sin mucha información, sabia lo suficiente para no querer preguntar más aparte del rutinario ¨buenos días, ¿cómo amaneció?¨ hasta que llego ese miércoles 12 donde por primera vez dijiste a tu familia que estabas cansada, que creías que la batalla se terminaba. Y dentro de mis débiles conceptos de fe, creo que estabas lista, tal vez no para entender toda la realidad pero si para dejar que Dios te acompañara en esas ultimas horas.

Creo firmemente que hablaste con él, que tu corazón escucho sus palabras de amor y fue entonces que decidiste soltar el aire, soltar tu cuerpo, soltarnos y todo aquello que te mantenía aferrada a este mundo terrenal. Eran las 8:18pm y mientras yo dudaba en cenar, tú ya disfrutabas del banquete de bienvenida a la vida eterna.

Al recibir la noticia de voz de mi compadre llore, ante él y tu familia no lo había hecho, quise siempre ser palabra de ánimo, de esperanza, desde esa primer llamada de tu madre un martes 26 de Marzo, donde por primera vez escuchaba la palabra cáncer hasta ahora donde escuchaba el ¨se nos fue¨. Entre llamadas y mensajes con amigos míos que hiciste tuyos, pase el resto de las horas de ese miércoles procesando y al mismo tiempo explicando que ya estabas en un lugar mejor.

Al día siguiente partiríamos para tu velorio, donde tu familia, mis padres, ex compañeros de tu trabajo y muchos amigos tuyos llegaban, se sentaban, te saludaban, te pensaban, te extrañaban y entre todos te recordábamos, con tus gestos, con tu tono de voz, tus actitudes, todas ellas, la versión más humana de ti, lo que amamos, lo que ahora entendíamos, lo que recordábamos y lo que anhelábamos haber podido entender antes y vivir a tu lado.

Un detalle por demás perfecto fue esa recopilación de fotos que pusieron a la entrada, tan característico de ti, de tus eventos, de tus regalos, de tus muestras de cariño, tan diseñadora, tan atenta, tan apasionada por no solo capturar si no exponer visualmente todas esas sonrisas que acumulaste rodeada de nosotros, quienes ahora sonreíamos a medias, con el corazón más roto que sonriente, con la fe dolida.

El viernes te daríamos el último adiós. Iniciando por una misa que a mi parecer tuvo un par de desaciertos en el manejo de los tiempos y las emociones de quienes te lloraban, pero que de una forma u otra fue un foro lleno de gente que quiso sentarse ante Dios a pedir por ti, a agradecer, tal vez reclamar o rogar porque esto fuera un mal sueño, como fuera que fuera, pero que terminara.

Tu despedida fue tal cual como la pediste, llego la imperdible banda, ese género que tantos conciertos nos hizo disfrutar juntas, que tantos eventos te acompaño junto a tu familia. Y bailamos y te acompañamos con el calor que hiciera, con cuales fueran las fuerzas de quienes ahí estábamos, la constante era que decíamos adiós, hasta pronto, gracias al ritmo de la música que tu escogiste.

Estar embarazada en este proceso no ha sido fácil, pero reconozco que ese fue el dia más difícil. Lleve el tequila que me trajiste de tu último viaje, esa tercer botella del famoso ¨Quita penas¨ qué compartíamos con tanta emoción. La primer botella se había terminado en tu casa hace años con mi corazón roto, la segunda seria años después por tu corazón roto y esta tercera se terminaría entre algunos corazones rotos ese día, tu hermano, tu esposo, mi mamá, David, tus amigos y porque no, medio tequila para mí, porque además de que era lo correcto, médicamente hablando, así me sentía también, a medias, a media tristeza, a media capacidad de bailar, a media o nula capacidad de ahogar las penas con alcohol, a media palabra de aliento.

Y así a medias, a casi una semana de tu último aliento te escribo estas letras. A media fe de la que creí tener, en que la gente buena recibe más oportunidades. A medias preguntas médicas que nunca hice y no tendré respuesta. A medias frases que no me atreví decirte. A medio duelo, con suerte voy a la mitad. A media vida, porque mínimo nos veía tomando tequila a los 70 años. A media o nula capacidad de entender que voy a hacer con el compromiso de ser la madrina que prometí ser, yo que hacia menos de 4 meses cuestionaba mi maternidad y ahora me dejabas a medio camino de la mía. A medias de dolor y a medias de alegría, en un limbo emocional que fluctúa según la noche y los sueños que de ti haya tenido. A media esperanza de que este dolor se irá. A media suplica de no volver a pasar por algo así.

Pero también te escribo completamente segura de un par de cosas. Que fuiste un gran ser humano, una gran hija, una gran esposa, amiga y compañera laboral. Que tenías más virtudes que defectos y que amaba tus defectos también, porque al compartirlos juntas nos hacían más fuertes, mejores personas. Que lograste todo lo que para ti era prioridad en esta vida, aunque muchas veces no te entendí, aunque muchas personas no te apoyaran, a pesar de todo pronóstico y explicación lograste todo lo que te propusiste, todas esas metas que tenía 9 años escuchándote decir. Tus viajes, tu jeep, tus conciertos, tu familia, tu esposo, tus hijas, tu trabajo, tus hobbies, todo lo que venias a esta vida a cumplir lo hiciste.

Y te escribo también completamente segura de que me escuchas, me sientes, me cuidas. Segura de que muy probablemente me estas gritas gritando ¨Hay Gatoooo, deja de llorar, cuida ese bebé, sal y sonríe¨ porque así fuiste tú, no solo en esta enfermedad, siempre, no dejaste que las lágrimas te desviaran de tus propósitos, y se tuviste lágrimas, compartimos unas cuantas, pero nunca te vencieron.

Y por eso así cierro estas líneas, pidiéndote que me sigas regañando, sé que te escuchare, de una forma u otra, y será tu ¨Hay Gatooo¨ el que me saque de este medio duelo y me regrese a la vida que se puso en pausa, esta vida que tuve el gusto de compartir contigo durante estos 10 años y que sé que quieres que siga disfrutando con tu familia, el compadre y tus hijas, para cuando nos volvamos a ver, tenga anécdotas y chistes nuevos que contarte y vuelva a escuchar tu risa tan característica que por ahora solo me queda en el corazón.

Gracias mi Gatito.