domingo, 28 de noviembre de 2010

Dos panoramas, una linea.

La inmensidad del desierto se observa mejor desde cierta altura, choca con el infinito manto azul conocido como el amplio mar y me recuerda desde esta ventanilla lo interesante de esa linea divisora, la playa.

Este desierto lo conforman un millar de granos de arena, como al pasado los recuerdos, las experiencias. Tiene desde sus zonas áridas y fecundas de muerte, desesperación y abandono, como oasis de esperanza, descanso y reincorporación.

Mi desierto como el tuyo se que no difieren mucho de eso, en menor o mayor medida todos nos parecemos y hay dunas donde se mezclan tus momentos con los mios y van dando forma a las experiencias que vivimos, aunque al final todo sea polvo, uno estable, quieto, inamovible.

El mar por el contrario es cambiante, indefinible, influenciable por todos y por todo, las corrientes, esta luna que me ignora y la profundidad que no calculo.
Tal como el futuro tiene una inmensidad y posibilidades eternas, va desde lo claro hasta el azul tan negro como lo desconocido.

Hay dias en que me engaña fingiendo calma y control, luego llegan noches tormentosas que desaparecen mis puertos, esos puntos fijos en mi vida que siempre me llaman de vuelta, a mi origen, mis raices, aunque en realidad no los destruya, el mar me los esconde por temporadas.

De vez en cuando abordamos el barco de la imaginación y muy seguros del rumbo zarpamos de las playas de la realidad, bajo el brazo los mapas de nuestros deseos y tratando de dirigirnos con un timón que siempre será demasiado corto para controlar las aguas del destino.

Hoy no hago mas que delinerar la idea, me encuentro sentada en esta playa de mi presente, jugando como cada dia a construir castillos con la arena de mi pasado y los moldes de mis ilusiones.

De vez en cuando sube una ola futurista y me arruina la obra, el diseño, la fantasia, me recuerda con su espuma que el barco del destino sigue esperando mi entrada, pero tan seguro como la noche y el dia, estas olas retrocederán y yo volveré a construir.

Y asi se pasan los dias, o al menos a mi, a puesto que un par mas también, en ese ir y venir del oleaje, entre juegos de arena y albercas prediseñadas.

Luego vienen dias como estos, en que tomas un vuelo adquiriendo la altura necesaria para jugar a ser Dios, y contemplas el amplio desierto, el interminable mar, esa delgada linea.

Piensas en tu pasado, imaginas el futuro, vives tu presente, todo mientras viajas por unos dias a otra relaidad, otros aires, diferente altura, las montañas de una vida paralela.