domingo, 11 de abril de 2010

Catastrofe vs Cotidiano

7.2 es un número bastante raro, normalmente uno pensaría en 7 o en 7.5, pero el 7.2 no suele hacernos ruido o alterar nuestro sistema, pero si a ese 7.2 le agregas el movimiento telúrico lo conviertes en un evento capaz de movilizar a una ciudad entera.

El domingo pasado 4 de abril, que también era el día en que un par de amiguitos cumplían años y yo volvía de mis bien disfrutadas vacaciones en la playa de peñasco, un terremoto de 7.2 grados le sacudió el polvo a nuestra linda ciudad que capturo el sol y a diferencia de la catástrofe y horrible situación en la que Haití quedo después de uno de 7, Mexicali libr muy bien todas las posibilidades de siniestro natural.

La casualidad de que fuera un domingo, de semana santa, donde una buena parte de la población se encontraba fuera de la ciudad, la amplia mayoría que hubiesen estado en oficinas estaban ya sea en restaurantes o en reuniones familiares, no había escuelas, mucho menos el tráfico habitual, nos ayudo totalmente a que el saldo de pérdidas humanas quedara en 2, luego uno más con una réplica, pero si lo cerramos en 3 fallecidos, contra un terremoto de 7.2, es un numero infinitamente pequeño .

Después de esto sigue todo lo que ya normalmente conocemos, no luz, no agua, durante más de 12 hrs, mal dormir, replicas de 5 grados, que duraran un par de semanas, brincos y alteraciones a cada instante, inspecciones de edificios, demoliciones, reconstrucción y principalmente, el recuento de los daños.

La zona urbana de Mexicali tuvo bastante vidrios rotos, fachadas caídas y una que otra pared demostrando que no tenía el mínimo interés en mantenerse en pie. La zona rural por el contrario, se encontró con grietas, carreteras desechas, casas completamente derrumbadas, no agua y no luz, por más de doce horas y el agua hasta la fecha, sin volver. Todo esto porque se rompieron canales y mas canales, bueno hasta nuestro lindo y cubierto rio nuevo decidió salir a pasear convirtiendo el bulevar irónicamente, en un rio de nuevo jaja, cosa que en lo personal me alegra, que afán de la “civilización” por intentar controlar o cubrir los causes y huellas de la naturaleza.

Debo de aplaudir a la comunidad su pronta reacción, centros de acopio, donaciones, colectas, etc... Han estado a la orden del día, y lento pero seguro sabemos que las personas afectadas en el valle saldrán de este mal tiempo en el que se encuentran.

Es aquí cuando definitivamente necesito hacer una pausa y preguntar, ¿acaso se necesita un terremoto de 7.2 para generar apoyo a los más necesitados? Entiendo que no podemos comparar perder una casa con…. Pues con nada, pero sí creo que perder una casa unos días, una semana o hasta un mes, queda muy poco por delante, en el orden de catástrofe, con la vida que llevan tantas personas todo el tiempo.

Seguimos teniendo comunidades sin luz y sin agua, y no por un terremoto, porque así es la realidad, hay gente que no tiene más que 4 paredes de cartón y un colchón que en verano habrá que mojar para soportar nuestros adorables 40 y pico grados centígrados diarios, y esto no es un día, ni un mes, son cada segundo de su vida.

Seria increíble ver la organización de la gente, no después de un terremoto solamente, si no al instante en que detectamos semejantes injusticias y desbalances sociales. Colectas de comida, de cobijas, de aires acondicionados, de generadores de luz, etc.… tantas cosas por hacer, para colonias en estados peor aun que la gente del valle
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La palabra “catástrofe” creo que reside en la acción de tener algo y perderlo en un segundo, pero ¿qué hay del que no tiene nada? ¿Cómo lo clasificamos? ¿Casualidad? ¿Cotidiano? ¿Por qué es el perderlo todo, de mayor impacto ante la sociedad, que el no tener nada?

No voy a negar que lo entiendo, yo nací en una casa, con aire, ropa, comida y demás comodidades y sé que si en un par de minutos temblara una vez mas y lo perdiera, el giro de 180 grados que da la situación es desnaturalizante, pero gracias a dios no estoy en esa situación, ni yo, ni muchos mexicalenses, por lo que recae sobre mi y sobre ellos, voltear a ver que la realidad de muchas personas, todos los días, cada año de su vida, es precisamente esa en la que no nos encontramos y a raíz de ahí actuar.

No quiero sonar malcriada, ni mal agradecida, lo eh dicho y lo repito, aplaudo la actitud de solidaridad y acción de los mexicalenses, pero me gustaría más aun alabar y admirar esa misma actitud ante las desigualdades que tristemente han caído en el termino de lo común.